Conociendo a Dios y a Nosotros Mismos

Al estudiar al ser humano, nuestro mayor problema está en el hecho de que el ser humano que podemos estudiar hoy, no es el que Dios creó originalmente, sino el que se ha desarrollado después de la caída de Adán.
Afirma Martín Lutero: “El hombre se ha vuelto semejante a un árbol marchito, no puede querer ni hacer otra cosa que el mal… El hombre natural no puede querer que Dios sea Dios. Por el contrario, desearía que Dios no existiera, y ser él mismo Dios… Por naturaleza el hombre puede amar a Dios sólo egoístamente”.

Si podemos llegar a conocer la esencia de nosotros mismos es porque Dios nos lo ha revelado en la Biblia, y en una manera especial en Jesucristo, el Segundo Adán (Romanos 5:12-25; 1 Corintios 15: 21:25). Jesucristo es el Hombre Nuevo, “…creado según Dios en la justicia y la santidad de la verdad” (Efesios 4:24).
La Biblia nos dice que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1). De esta manera tenemos un origen, el cual es Dios. Podemos conocernos a medida que vayamos conociendo a Aquél que nos creó. Somos imagen de Dios, una imagen que ha sido desdibujada por el pecado, pero imagen al fin.

Decía San Agustín que la imagen de Dios es como la imagen acuñada de una moneda. Con el uso, ésta se gasta, y dejamos de verla, pero está allí porque forma parte de la moneda misma. En la peor persona del mundo está la imagen de Dios. En nuestra opinión, para poder realizar un buen trabajo de asesoramiento pastoral, se necesita una buena comprensión de la antropología cristiana básica.
Podemos saber que somos criaturas de Dios cuando hemos conocido al Creador.

Podemos conocer al Creador, sólo porque reconocemos el hecho de que somos sus criaturas. Si Dios existe, y nosotros somos sus criaturas, es muy poco probable que no se ocupe de nosotros. Por eso el conocimiento del ser humano está estrechamente vinculado al conocimiento de Dios, y viceversa. Tanto el conocimiento de Dios como el del humano nos viene dado por revelación. No debemos confiar demasiado en las facultades humanas.

El Dr. J. B. Rhine afirma: “Es paradojal pero verdadero, que hoy conocemos al átomo mejor que a la mente que conoce al átomo. Si pudiéramos llegar a obtener con respecto a la mente tan solo la mitad de la comprensión que la física ha logrado sobre los elementos de la materia, estaríamos probablemente en condiciones de revelar y utilizar principios directivos de tremenda significación para la vida humana y la sociedad”.

El progreso de la humanidad, hasta nuestros tiempos, se ha expresado más a nivel horizontal, es decir, en lo científico y tecnológico. Pero en lo vertical, en lo que se refiere a la esencia del ser humano y su destino eterno, poco se ha avanzado. Porque el ser humano no puede subir y descubrir lo ignoto, es Dios quien baja, el que se revela a los humanos. Dios no puede ser contemplado por un telescopio, ni examinado en un microscopio. Es necesario reconocer nuestra debilidad e ignorancia; y partir de la revelación divina, para comenzar a entender lo que somos como criaturas, y quién es nuestro Creador.

Dr. Jorge León
Psicología Pastoral.
http://www.psicologia-pastoral.com.ar/

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