Parábolas Para El Alma

Detenerte no te retrasa: la prisa que Dios corrige junto a la acequia

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Detenerte no te retrasa: la prisa que Dios corrige junto a la acequia

El sendero despejado

“Un campesino apurado cruza un sendero estrecho para llegar temprano al mercado. En medio del camino encuentra un obstáculo que pondrá a prueba su prisa y su corazón.”

🎧 Escucha la reflexión

Era la mañana de mercado y un campesino apurado avanzaba por un sendero estrecho que corría entre los huertos, junto a una acequia de agua clara. Llevaba su carga al hombro y un solo pensamiento en la cabeza: llegar primero, antes de que se ocuparan los mejores puestos y se acabaran los buenos compradores. Cada paso era un cálculo del tiempo que le quedaba.

A medio camino, una rama espinosa había caído en mitad del sendero. Sus espinas se levantaban como pequeños anzuelos, y nadie que pasara podría evitarla sin cuidado. El campesino se detuvo apenas un instante. Pensó en apartarla, pero miró sus manos, recordó su prisa y calculó los minutos que perdería. Así que se arrimó al borde, equilibró su carga junto a la acequia y rodeó la rama con un salto incómodo. Siguió adelante, satisfecho de no haberse ensuciado.

Detrás de él venía una anciana encorvada, lenta, con un atado pequeño en las manos. El campesino la había dejado atrás hacía rato sin mirarla. Ella, al llegar a la rama, no la rodeó ni la pisó. Se agachó despacio, buscó con calma el único tramo del tronco que no tenía espinas, lo tomó con firmeza y, con un movimiento suave de quien ha trabajado toda la vida entre huertos, apartó la rama hacia un lado. El sendero quedó limpio para todos los que venían detrás.

El campesino, en cambio, llegó al mercado sin aliento y descubrió que, por su apuro, había tomado mal el camino y dado un rodeo más largo. Volvió sobre sus pasos, esta vez con la carga más pesada por el cansancio. Al llegar de nuevo al sendero, encontró a la anciana todavía allí, descansando, con la rama apartada a un costado.

—¿Por qué no la rodeó usted como yo? —preguntó el campesino, asombrado de verla tan tranquila.

La anciana sonrió.

—Quien rodea el problema lo deja para el siguiente. Quien se detiene a quitarlo, abre paso para sí y para todos. Yo no tenía prisa, hijo, y por eso tuve tiempo de mirar dónde no había espinas.

El campesino comprendió entonces que la mujer a quien había dejado atrás era la única que sabía cruzar sin lastimarse, y que su propio apuro lo había hecho perder el rumbo.

Moraleja: Cuántas veces, como aquel campesino, pasamos de largo junto a quien parece retrasarnos. Vemos al vecino que necesita una mano, al anciano que camina lento, a la persona cargada, y los rodeamos con un salto para no perder tiempo ni incomodarnos. Pero quien sirve al prójimo no pierde el camino: aprende a caminarlo con Dios. Esa pausa para ayudar, que parece un estorbo, muchas veces es la manera en que Dios corrige nuestra prisa y despeja el sendero. Detente cuando alguien te necesite; no estarás perdiendo tu camino, estarás descubriendo el verdadero.

Versículo

No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo. – Proverbios 3:27

Reto para hoy

Esta semana, cuando vayas con prisa en el trabajo, en casa o en la calle, mira si alguien quedó detrás de tu agenda. ¿A quién podrías quitarle una "rama" pequeña antes del viernes: un trámite, una llamada, una carga pesada? Escríbele hoy y ofrécele una ayuda concreta de 15 minutos, con hora y forma claras.

Oración

Dios, muéstrame la prisa que me está volviendo ciego ante quien necesita una mano. Perdóname por rodear problemas pequeños para no incomodarme. Dame humildad para detenerme hoy y ofrecer ayuda concreta a esa persona que ahora mismo necesita apoyo. Enséñame a caminar contigo sin empujar a los demás fuera del camino. Amén.

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