Parábolas Para El Alma

¿Qué urgencia dejas ganar la silla que solo tú puedes llenar?

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¿Qué urgencia dejas ganar la silla que solo tú puedes llenar?

La silla vacía

“Ana contaba inventarios en una bodega y esa tarde había prometido asistir a la presentación de su hijo. La presión de un reporte urgente pondría a prueba qué lugar ocupaba esa promesa.”

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Ana trabajaba como contadora de inventarios en una bodega de alimentos. Cada mañana cruzaba el torniquete con su tarjeta de control colgada al cuello, pasaba junto a los palés envueltos en plástico y los montacargas amarillos, y se sentaba en su cubículo a contar cajas que entraban y salían. Era buena en su trabajo. Cuidaba ese empleo como quien cuida una llama en el viento, porque en casa la esperaban su esposo y su hijo Mateo, de nueve años.

Esa tarde, Ana le había prometido a Mateo algo sencillo. El niño llevaba semanas armando una maqueta de cartón para la escuela, una pequeña ciudad con casas y un puente. Esa noche la presentaría delante de sus compañeros y de las familias, y le había dicho a su madre, con los ojos brillando: "Mamá, vas a estar ahí, ¿verdad?"

"Ahí voy a estar", le respondió ella.

Pero a las cuatro de la tarde, su jefe se asomó al cubículo. Había un reporte de inventario urgente que debía salir esa misma noche. Faltaba revisar números, cuadrar cifras, cerrar todo. Ana sintió el peso en el pecho. Pensó en Mateo, pensó en la maqueta, pero también pensó en la renta, en las cuentas, en lo que significaba ese empleo. "El trabajo es el trabajo", se dijo. "Lo hago por ellos." Y se quedó sin avisar en casa, convencida de que proveer justificaba cualquier ausencia.

Las horas pasaron entre columnas de números. La tarjeta marcó la hora extra en rojo. A las siete y media, su celular vibró. Era una foto. Mateo sostenía su maqueta con orgullo frente a la clase. A su lado, una silla vacía.

Ana se quedó mirando esa silla vacía mientras el torniquete de la bodega volvía a sonar a lo lejos. Y entonces, casi al mismo tiempo, su jefe pasó y le dijo sin detenerse: "Ana, el reporte no sale hoy. Falta mi firma y yo ya me voy. Lo cerramos mañana."

Ana se quedó helada. El reporte que parecía indispensable, la prisa por la que había sacrificado la promesa a su hijo, se retrasaba igual. No dependía de ella. Faltaba una firma que nunca estuvo en sus manos. Se había perdido el momento de Mateo por una urgencia que ni siquiera se resolvió esa noche.

Esa noche, al llegar a casa, encontró a Mateo dormido con la maqueta sobre el escritorio. No le reclamó nada. Pero Ana entendió algo que la sacudió por dentro: proveer para la casa no podía convertirse en la excusa para ausentarse del corazón de los suyos.

Cuántas veces nosotros, como Ana, creemos que cumplir con la familia se mide solo por el dinero que llevamos a casa. Trabajamos duro, pagamos las cuentas, y nos decimos que todo lo hacemos por ellos. Pero nuestros hijos no recuerdan el reporte que cerramos ni la hora extra que marcamos en rojo; recuerdan la silla vacía donde debimos estar. La responsabilidad con quienes amamos no se cumple solo trayendo el pan; se cumple también guardando las promesas pequeñas, esas que les hacen sentir que valen más que cualquier urgencia. Antes de sacrificar un momento con los tuyos por algo que parece indispensable, pregúntate si de verdad lo es, y si nadie más podrá llenar después esa silla que solo tú puedes ocupar.

Versículo

Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. – Salmos 90:12

Reto para hoy

Esta semana, cuando el trabajo, el celular o un pendiente quieran empujar una promesa familiar, detente antes de decir que sí. ¿Qué silla concreta no quieres dejar vacía antes del domingo? Hoy escribe o llama a esa persona y confirma un momento específico para estar presente, sin cancelarlo por algo que puede esperar.

Oración

Dios, ayúdame a reconocer cuándo una urgencia está ocupando el lugar de una promesa importante. Dame claridad para cuidar a las personas que hoy necesitan mi presencia, no solo mi esfuerzo. Perdóname por las veces que he usado el cansancio o el trabajo como excusa para ausentarme. Enséñame esta semana a elegir bien antes de dejar una silla vacía. Amén.

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