Parábolas Para El Alma

¿Confundes el silencio de Dios con abandono en la sala de espera?

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¿Confundes el silencio de Dios con abandono en la sala de espera?

El turno B-47

“Raúl espera noticias de su esposa en el pasillo de una clínica pública. La demora pone a prueba la confianza que todavía sostiene en la mano.”

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Raúl llevaba tres horas sentado en una silla de plástico, en el pasillo de la clínica pública. Frente a él, las puertas blancas del quirófano permanecían cerradas. El olor a gel desinfectante se le había metido en la garganta, y en la mano derecha apretaba un papelito arrugado: B-47, su número de turno. El sudor lo había vuelto blando, casi transparente, y la tinta empezaba a borrarse.

Adentro estaba Ana, su esposa, en cirugía. Le habían dicho que serían dos horas. Ya iban tres y media. Cada vez que una enfermera cruzaba el pasillo, Raúl levantaba la cabeza con el corazón en la garganta. Cada vez, la enfermera pasaba de largo.

Raúl era dueño de un taller mecánico pequeño. Sus clientes lo llamaban por su nombre, y más de una vez él les había fiado una reparación cuando no tenían para pagar. Estaba acostumbrado a resolver problemas con sus manos: ajustar una pieza, cambiar un cable, escuchar un motor hasta encontrar la falla. Pero ahí, en ese pasillo blanco, no había nada que pudiera arreglar. Solo podía esperar.

Al principio había orado. Susurraba pedidos entre dientes, pedía que Ana saliera bien, prometía ser más paciente, más agradecido, más atento. Pero con cada minuto que pasaba en silencio, una idea fría se le fue metiendo en el pecho: "Quizá no hay nadie escuchando. Quizá soy un ingenuo hablando con un cielo que no contesta".

Miró el papelito en su mano. B-47. Arrugado, húmedo, casi inútil. Le pareció el resumen de toda esa tarde: un trozo de papel sin valor, una espera sin respuesta, una promesa que nadie venía a cumplir.

Se levantó con rabia contenida, caminó hasta el basurero del pasillo y dejó caer el papel adentro.

—¿Para qué guardarlo? —murmuró.

No había terminado de volver a su silla cuando una de las puertas blancas se abrió. Salió una enfermera con una carpeta. Miró el pasillo y dijo en voz alta:

—¿Turno B-47? Familiares del turno B-47.

Raúl se quedó helado. Por un momento no pudo moverse. Luego corrió al basurero, metió la mano entre papeles y envolturas, y rescató el papelito mojado. Lo levantó como quien levanta algo precioso.

—¡Aquí! Soy yo, B-47.

La enfermera sonrió con calma.

—Su esposa salió bien de la operación. Ya está en recuperación. Puede pasar a verla en un rato.

Raúl se apoyó contra la pared. Apretó el papel contra el pecho y cerró los ojos. La señal que había despreciado por inútil era precisamente la que necesitaba para recibir la noticia que tanto esperaba. Casi la tira para siempre, apenas unos minutos antes de que su turno fuera llamado.

Moraleja: Cuántas veces nosotros, cuando la puerta tarda en abrirse, confundimos el silencio de Dios con abandono y soltamos la oración, la confianza o el pequeño signo de esperanza que todavía tenemos en la mano. Como Raúl en aquel pasillo, podemos estar a punto de rendirnos justo cuando la respuesta ya viene en camino. Recordemos que esperar no es quedarse sin hacer nada: es seguir confiando, orando y buscando apoyo mientras Dios obra donde nuestros ojos no alcanzan a ver. No tires tu B-47 antes de tiempo; guarda la fe, porque tu nombre no se ha perdido delante de Dios.

Versículo

Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará. – Habacuc 2:3

Reto para hoy

Esta semana, cuando una respuesta médica, laboral o familiar siga sin llegar, no tomes el silencio como sentencia. ¿A quién puedes escribir hoy para pedir apoyo en oración en vez de encerrarte? Antes de dormir, nombra en voz alta esa espera concreta y haz una oración de dos minutos por ella durante tres noches.

Oración

Dios, hoy te entrego la espera que me está cansando y me hace dudar. Perdóname por confundir tu silencio con olvido. Dame humildad para pedir apoyo y constancia para orar esta semana, aunque todavía no vea la puerta abrirse. Ayúdame a guardar el pequeño signo de esperanza que aún tengo. Amén.

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