Parábolas Para El Alma

¿Repites el chisme para caer bien y ensucias a quien callas?

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¿Repites el chisme para caer bien y ensucias a quien callas?

El miércoles en la barbería

“Don Mateo iba cada miércoles a la barbería del barrio para no sentirse tan solo. Allí descubriría cuánto puede herir una lengua sin freno.”

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Don Mateo era viudo y jubilado, y todos los miércoles por la mañana llegaba a la barbería del barrio aunque casi no le quedara cabello que cortar. La casa le pesaba desde que su esposa había partido, demasiado grande y demasiado callada. En cambio, allí, entre las sillas giratorias rojas, el zumbido de la secadora antigua junto a la ventana y el sonido de las tijeras sobre el tocador, se sentía acompañado. Alguien lo escuchaba. Alguien se reía con él.

Y él, para que la mañana no se le hiciera larga, había encontrado su manera de llamar la atención: el chisme. Mientras esperaba su turno, comentaba quién debía dinero, quién había discutido con su esposa, quién había llegado tarde a su casa la noche anterior. Los demás soltaban la carcajada y le pedían más. Don Mateo se crecía. Por un rato dejaba de sentirse solo, porque cada comentario filoso le devolvía una mirada, una sonrisa, un "cuente, cuente, Don Mateo".

No se daba cuenta de que sembraba algo que tarde o temprano florecería contra él.

Un miércoles llegó más temprano de lo usual y se sentó cerca de la ventana, donde la secadora apenas le dejaba oír. Dos clientes hablaban en voz baja, creyéndolo distraído. Al principio mencionaron a un vecino. Luego, sin cuidado, empezaron a inventar cosas sobre su difunta esposa: que si había sido así, que si la gente decía aquello, que si nadie sabía toda la verdad. Reían igual que reían con él. Don Mateo sintió que algo se le partía por dentro.

Miró al piso. El barbero pasaba en ese momento la escoba de mango corto, juntando los mechones cortados alrededor de la silla giratoria. Cabellos de muchas cabezas, revueltos, imposibles de devolver a quien pertenecían. Y Don Mateo comprendió: las palabras soltadas son como esos cabellos barridos. Una vez en el suelo, ninguna mano alcanza a colocarlas otra vez donde estaban. Lo mismo que él había hecho durante años con la vida ajena, ahora otros lo hacían con el recuerdo de la mujer que amó.

No dijo nada. Esa mañana no contó ningún chisme. Solo escuchó cómo dolía estar del otro lado.

Moraleja: Solemos pensar que el dominio propio consiste solo en dejar atrás los vicios que todos ven, pero también necesitamos dominio sobre la lengua. Don Mateo buscaba compañía haciendo reír a otros con comentarios sobre vidas ajenas, hasta que oyó cómo esas mismas risas ensuciaban el recuerdo de su esposa. Cuántas veces nosotros repetimos un rumor para caer bien, para llenar un silencio o para sentirnos parte de una conversación, sin pensar en la persona que queda herida cuando no está presente. Recordemos esto la próxima vez que una charla nos invite a hablar de más: más vale callar a tiempo, cambiar de tema y cuidar el nombre del prójimo, que intentar recoger después palabras que ya cayeron al suelo.

Versículo

El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias. – Proverbios 21:23

Reto para hoy

Esta semana, cuando en el trabajo, en la fila o en el chat familiar alguien saque un chisme, detente antes de añadir un detalle. ¿A quién podrías proteger hoy cambiando de tema en vez de repetir lo que escuchaste? Antes del viernes, escribe o llama a una persona de quien hablaste mal y pídele perdón sin justificarte.

Oración

Dios, reconozco que a veces busco pertenecer usando palabras que dañan. Perdóname por el juicio rápido y por el chisme que repito en conversaciones pequeñas. Dame dominio propio esta semana para callar a tiempo, cambiar de tema y reparar con esa persona a quien pude haber herido. Que mi boca cuide corazones, no los exponga. Amén.

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