Jehová va delante de ti
Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides. — Deuteronomio 31:8 — RVR1960

El lunes por la mañana mi hija tenía cita en el hospital para unos exámenes. Ella no lo sabía todavía, pero yo llevaba días con el estómago apretado, ensayando en mi cabeza las salas frías, los pasillos largos, la puerta de esa consulta donde no me dejarían entrar con ella.
Hay lugares así en la vida, ¿verdad? Puertas que solo podemos cruzar solos. El consultorio del médico. La entrevista de trabajo. La conversación difícil que nadie más puede tener por nosotros. Y mientras caminaba hacia el hospital pensé algo que me dio miedo confesar: «Señor, ¿y si tú solo me acompañas hasta la puerta y ahí te quedas?». Como quien deja a alguien en la entrada, da un abrazo y se despide. Yo no quería un Dios que me dejara en la puerta. Quería un Dios que entrara conmigo.
Esa mañana abrí mi Biblia en Deuteronomio 31:8 y leí algo que me detuvo. No es una sola promesa, son dos. «Jehová va delante de ti; él estará contigo». Delante y contigo. Antes y durante. Léelo despacio: Dios no solo camina a mi lado hacia el lugar que temo. Él ya llegó primero. Ya recorrió el pasillo. Ya conoce el nombre del médico, ya sabe lo que dirán los resultados, ya estuvo en esa sala antes que yo pusiera un pie en ella.
Me imaginé caminando por un sendero de campo con un compañero grande y tranquilo a mi lado, uno que no se asustaba de nada, que iba medio paso adelante marcando el camino. No me llevaba a un lugar desconocido para él. Me llevaba a un lugar donde ya había estado.
Esa mañana sostuve la mano de mi hija en la sala de espera y sentí que sostenía dos manos: la de ella, pequeña y fría, y la de Dios, que ya estaba del otro lado de la puerta esperándonos.
Hay una puerta que hoy te da miedo cruzar. Recuerda las dos promesas. Él va contigo. Y él ya está adentro.
Oración
Padre, gracias porque no me sueltas en la puerta. Confieso que muchas veces temo entrar sola a los lugares difíciles, como si tú te quedaras afuera esperando. Hoy quiero creer tus dos promesas: que vas delante de mí y que estarás conmigo. Tú ya conociste el pasillo antes que yo, ya estuviste en la sala que temo, ya sabes lo que va a pasar. Nada de lo que me espera te toma por sorpresa. Dame el valor de dar el paso sabiendo que no camino hacia un lugar vacío, sino hacia uno donde tú ya llegaste primero. Cuando me tiemblen las manos, recuérdame que sostengo la tuya. Cuando quiera darme la vuelta, susúrrame que no me dejarás ni me abandonarás. Gracias porque tu presencia no depende de mi valentía, sino de tu fidelidad. En el nombre de Jesús, amén.
Para reflexionar
- ¿Cuál es la puerta que hoy me da miedo cruzar sola?
- ¿En qué momentos he sentido que Dios solo me acompaña hasta la entrada y ahí se queda?
- ¿Qué cambia en mi corazón si creo que Dios ya llegó primero al lugar que temo?
- ¿De qué manera puedo dar el próximo paso confiando en las dos promesas: él va delante y está conmigo?
- ¿A quién que hoy enfrenta algo difícil puedo recordarle que no camina solo?



