Devocionales

Dios escoge lo débil y le da su fuerza

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Dios escoge lo débil y le da su fuerza

Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte. — 1 Corintios 1:27 — RVR1960

Dios escoge lo débil
y le da su fuerza

El día que me pidieron coordinar el grupo de nuevos en la iglesia, hice lo que siempre hago: una lista de todo lo que me falta. No hablo bonito en público. Me enredo con los nombres. Se me olvidan las fechas. Terminé la lista y me dije, casi aliviada: «Ves, no soy la persona indicada.»

Esa noche no podía dormir. Me acordé de mi hija de seis años, que esa tarde había tomado la escoba del rincón —una escoba más alta que ella— y se había puesto a barrer el patio con una seriedad enorme. La escoba la vencía, la arrastraba de un lado a otro, y ella igual seguía, decidida, como si le hubieran encargado algo importante. Yo la miraba desde la ventana y pensaba: «Es demasiado grande para ti, mi amor.» Pero ella no medía la escoba. Medía las ganas.

Y entonces entendí algo que me dejó quieta. Yo estaba midiendo la tarea con la cinta equivocada. Me preguntaba una y otra vez: «¿Estoy capacitada?» Y esa pregunta me hundía, porque la respuesta honesta era no. Pero había otra pregunta, más callada, esperando debajo: «¿Me está llamando Dios a esto?»

El mundo funciona al revés de como funciona Dios. El mundo primero te examina, te pesa, te mide, y solo después te confía algo. Dios llama primero. Toma a la persona que no cuadra en ningún currículum y la pone en medio del asunto, no porque se haya equivocado, sino porque así se ve claro de quién es la fuerza.

Leí esa madrugada las palabras de Pablo a los corintios: Dios escogió lo débil, lo que no es nada, lo que el mundo desprecia. No escogió a los brillantes para que brillaran ellos. Escogió a los que sienten que la tarea les queda grande, para que nadie se confunda sobre quién la sostiene.

Al otro día dije que sí. No porque de pronto me sintiera capaz, sino porque dejé de creer que ese fuera el requisito. La escoba seguía siendo más alta que yo. Pero ya no era yo la que barría sola.

Oración

Padre, tú sabes la lista que hago cuando me llamas a algo. Sabes cada cosa que creo que me falta, cada razón que junto para decir que no soy la persona indicada. Gracias porque tú no lees esa lista como la leo yo. Gracias porque no escoges a los fuertes para lucirlos, sino que escoges lo débil y lo llenas de tu fuerza. Perdóname cuando confundo mi incapacidad con tu error, como si te hubieras equivocado al llamarme. Enséñame a cambiar la pregunta: que ya no me pregunte tanto si estoy capacitada, sino si tú me estás llamando. Y cuando la tarea me quede grande, recuérdame que esa sensación no es una señal de que no sirvo, sino de que voy a necesitarte a ti de verdad. Dame el valor de decir que sí sin sentirme lista. Sostén tú lo que yo no puedo sostener sola. Que al final se vea claro que la fuerza fue tuya. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿Qué lista de «lo que me falta» estoy usando para decirle no a Dios?
  • ¿A qué tarea me está llamando que me queda claramente grande?
  • ¿Qué cambiaría si dejara de preguntar «¿estoy capacitado?» y empezara a preguntar «¿me está llamando Dios?»
  • ¿En qué momento sentí que Dios me sostuvo justo donde yo no alcanzaba?
  • ¿Por qué creo que Dios escoge lo débil en lugar de lo fuerte?
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