Devocionales

La paz de Dios guardará tu corazón

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La paz de Dios guardará tu corazón y tus pensamientos.

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. — Filipenses 4:6 — RVR1960

La paz de Dios guardará tu corazón y tus pensamientos.

Anoche mi hija de siete años no podía dormir. Se sentó en la orilla de la cama con las rodillas pegadas al pecho y me soltó una lista de miedos: ¿y si mañana llueve y se suspende el paseo?, ¿y si me equivoco al leer en voz alta?, ¿y si nadie me guarda un lugar en la fila? La abracé y le dije lo que uno siempre dice: «Tranquila, mi amor, todo va a estar bien». Ella respiró hondo, se acostó y a los pocos minutos ya dormía.

Ojalá mis propios «y si» se callaran tan fácil. Porque mientras la arropaba, dentro de mí seguía la misma lista, solo que más pesada: ¿y si no alcanza el dinero este mes?, ¿y si esos resultados médicos traen malas noticias?, ¿y si tomo la decisión equivocada? Me quedé despierta un buen rato, tratando de pensar con más fuerza, como si a punta de repasar el problema fuera a resolverlo. Pero pensar más solo hacía el nudo más apretado.

Esa noche entendí algo. La ansiedad y la adoración no caben juntas en el mismo lugar. Compiten por el mismo espacio de mi mente. Cuando lleno mi cabeza de «y si», no queda sitio para recordar quién es Dios. Pero cuando empiezo a decir en voz baja lo que sé de Él, el miedo tiene que hacerse a un lado.

Así que dejé de pelear con mis pensamientos y empecé a hacer otra cosa. En lugar de repasar el problema, repasé al que resuelve el problema. «Señor, tú eres fiel. Tú me has sostenido antes. Tú conoces lo que viene y ya estás allí.» No forcé la calma; simplemente cambié de tema con Dios.

Pablo lo dice sin rodeos: no vivas afanado, ora. Y no ores solo pidiendo, ora dando gracias. Porque la gratitud es adoración, y la adoración corre la mirada del problema al Salvador. No prometió que entenderíamos todo, sino que su paz, esa que sobrepasa el entendimiento, montaría guardia sobre nuestro corazón. Convertir la preocupación en adoración no es no sentir nada; es elegir, otra vez, a quién le entrego mis «y si».

Oración

Padre, vengo a ti con la mente cansada de tanto pensar. Tú sabes cuántas veces repaso mis miedos como si eso los fuera a resolver. Perdóname por confiar más en mis preocupaciones que en tu carácter. Hoy quiero cambiar de tema contigo. En lugar de contarte una y otra vez mi problema, quiero recordar quién eres tú: fiel, cercano, poderoso, bueno. Tú me has sostenido en cada temporada pasada, y no vas a soltarme ahora. Gracias porque no me pides que entienda todo, sino que confíe. Gracias porque puedo orar con acción de gracias aun cuando no tengo respuestas. Toma mis «y si» y ponlos en tus manos, que son firmes y no se cansan. Y cumple tu promesa: guarda mi corazón y mis pensamientos con tu paz, esa que sobrepasa todo entendimiento. Cuando el afán quiera regresar, ayúdame a adorarte otra vez, hasta que no quede espacio para el miedo. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿Cuáles son los «y si» que más ocupan tu mente en esta temporada?
  • ¿Qué verdad sobre el carácter de Dios necesitas recordar frente a ese miedo?
  • ¿En qué momentos del pasado Dios ya te sostuvo? Escríbelos como testimonio.
  • ¿Cómo se vería, en concreto, convertir una preocupación de hoy en una oración de gratitud?
  • ¿Qué significa para ti que la paz de Dios «guarde» tu corazón como un centinela?
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