Devocionales

Dios me eligió como su tesoro

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Dios me eligió como su tesoro, y su amor por mí nunca cambia.

Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. — Deuteronomio 7:6 — RVR1960

Dios me eligió como su tesoro,
y su amor por mí nunca cambia.

Mi sobrina de cuatro años tiene una caja de zapatos que guarda como si fuera un cofre de piratas. La abrió el otro día para mostrarme sus «cosas importantes»: una piedra gris del patio, una calcomanía despegada, un botón sin dueño y la mitad de un caracol de mar. Para cualquiera que pase, es basura. Para ella, es un tesoro.

La miré acomodar cada objeto con cuidado y algo se me removió por dentro. Porque yo tiendo a pensar que valgo por lo que produzco. Cuento mis logros del día como quien lleva un marcador: cuánto rendí, a cuántos ayudé, qué tan útil fui. Y en los días flojos, cuando no logro nada, siento que valgo menos, como si mi precio subiera y bajara según mi desempeño.

Pero esa piedra gris no hizo nada para ganarse su lugar en la caja. No es útil, no brilla, no sirve para nada. Vale porque la niña la escogió. El amor de ella la volvió tesoro. El valor no vino de la piedra, vino de quien decidió atesorarla.

Así me ama Dios. En Deuteronomio le dice a su pueblo que lo escogió para ser «un pueblo especial», su tesoro. No lo eligió porque fuera grande, ni fuerte, ni productivo. Lo eligió porque quiso. Su amor no responde a mi rendimiento; su amor crea mi valor.

Eso me libera de la balanza. No tengo que ganarme el afecto de Dios con un buen puntaje. Él ya me tomó, ya me guardó cerca de su pecho, ya se alegra sobre mí. Y esa elección no rota ni caduca según mi semana. No soy tesoro los días buenos y descarte los malos. Soy suyo siempre, porque Él así lo decidió.

Hoy dejo de contar mis logros como si de ellos dependiera cuánto valgo. Descanso en algo más firme: fui escogida por amor. Guardada con cuidado. Sostenida por unas manos que no me sueltan cuando dejo de rendir. Mi precio ya no sube ni baja. Está fijo en el corazón de quien me atesora.

Oración

Padre, gracias porque me escogiste. No por lo que hago, no por lo que produzco, no por lo útil que pueda ser en un buen día, sino simplemente porque quisiste amarme. Perdóname por vivir tantas veces con la balanza en la mano, midiendo mi valor por mis logros y sintiéndome menos cuando no rindo. Enséñame a descansar en tu elección. Recuérdame que fue tu amor el que me volvió tesoro, y no algo bueno en mí lo que te obligó a amarme. Tú me guardas cerca, me sostienes con cuidado, te alegras sobre mí con cánticos. Ayúdame a creerlo cuando fallo, cuando me equivoco, cuando siento que no valgo nada. Que tu voz sea más fuerte que la voz que lleva la cuenta de mis fracasos. Quiero vivir como alguien seguro de tu afecto, libre del miedo a perder mi lugar. Porque tu elección no rota ni cambia con mis semanas. Soy tuyo siempre. Gracias por atesorarme. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿De qué manera acostumbro medir mi valor por lo que logro o produzco?
  • ¿Cómo cambia mi día saber que Dios me escogió por amor y no por mi rendimiento?
  • ¿Qué voz interior me dice que valgo menos cuando fallo, y qué le respondería Dios?
  • ¿En qué área necesito soltar la balanza y descansar en que ya soy tesoro de Dios?
  • ¿Cómo puedo recordarme esta semana que la elección de Dios sobre mí no cambia?
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