Devocionales

En Jehová confío de todo corazón

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Young child in a yellow dress stands on large blue hands, looking upward in a whimsical illustration.

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas. — Proverbios 3:5-6 — RVR1960

Me apoyo en Ti, Señor,
con todo mi peso y sin temor.

Mi sobrina de tres años tiene un juego favorito. Se para sobre el sofá, de espaldas, cierra los ojos y se deja caer hacia atrás gritando: «¡Atrápame!». La primera vez casi se me detiene el corazón. Pero ella no dudaba ni un segundo. No estiraba las manos para protegerse, no volteaba a mirar si yo estaba lista. Simplemente se dejaba caer, segura de que unos brazos iban a recibirla.

Esa tarde, mientras la sostenía riéndose, pensé en la diferencia entre ella y yo. Yo también digo que confío en Dios. Pero por dentro voy tensa, con las manos listas por si acaso, calculando por dónde podría caerme. Confío, pero sin soltar el control. Me apoyo en Él, pero con un pie firme en mis propios planes, por si su respuesta tarda o no llega como espero.

Y entonces recordé que ninguna persona, por más que me ame, puede sostenerme siempre. Yo misma he fallado a otros. Los brazos humanos se cansan, se distraen, se van. Por eso a veces aprendí a apoyarme a medias, protegiéndome del golpe que tarde o temprano llega.

Pero Dios no se distrae. No aparta su mano en el momento en que más lo necesito. Su atención no se va a otra parte cuando cierro los ojos. Proverbios me lo dice sin rodeos: confía en Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.

De todo el corazón. No a medias, no con una mano libre por si acaso. Esa noche entendí que la fe madura no es agarrarse con más fuerza, sino soltar. Es dejarse caer hacia atrás con los ojos cerrados, sabiendo que Él ya está ahí, que siempre estuvo, que no me va a fallar.

Mi sobrina no sabe de teología, pero sabe algo que a mí me cuesta: que confiar es entregar todo el peso. Que uno no se apoya de verdad si sigue sosteniéndose a sí mismo. Así que hoy elijo aflojar los hombros, bajar las manos que tenía listas para defenderme, y descansar en el único que nunca aparta su mirada de mí.

Oración

Padre, hoy quiero apoyarme en Ti de verdad, no a medias. Reconozco que muchas veces digo que confío, pero por dentro sigo agarrada a mis planes, lista para defenderme por si me fallas. Perdóname por esa desconfianza escondida. Sé que las personas que amo son un regalo, pero también sé que ellas no pueden sostenerme siempre, y yo tampoco puedo sostenerme sola. Tú sí. Tú nunca te distraes, nunca apartas tu mano en el momento en que más te necesito, nunca te vas a otra parte cuando cierro los ojos. Ayúdame a soltar el control que creo tener. Enséñame a dejarme caer hacia atrás, con todo mi peso, seguro de que ya estás ahí para recibirme. Quiero confiar en Ti de todo corazón y no apoyarme en mi propia prudencia. Endereza mis caminos, aun los que no entiendo. Y cuando el miedo me haga tensar los hombros otra vez, recuérdame que puedo descansar, porque el que me cuida no se cansa ni duerme. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿En qué área de mi vida sigo apoyándome a medias, con una mano lista para defenderme por si Dios no responde como espero?
  • ¿Qué significaría para mí, hoy, confiar en Dios de todo corazón y no solo con una parte?
  • ¿Hay alguna persona en la que puse un peso que solo Dios puede sostener? ¿Cómo puedo devolvérselo a Él?
  • ¿Qué me impide cerrar los ojos y dejarme caer, sabiendo que sus brazos ya están ahí?
  • ¿Qué camino incierto necesito entregarle hoy para que Él lo enderece?
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