Devocionales

Si en las tinieblas me acuesto, allí estás Tú

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No hay lugar donde Tú no estés. Dios ya fue delante de mí.

Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. — Salmo 139:8 — RVR1960

No hay lugar donde Tú no estés.
Dios ya fue delante de mí.

Hay noches en que el miedo llega sin pedir permiso. Apago la luz, cierro los ojos y, en lugar de dormir, empiezo a caminar por caminos que todavía no existen. Imagino a los que amo enfermos, perdidos, lejos de Dios. Recorro los peores finales como quien repasa una lista. Y no sirve de nada que alguien me diga «no pienses en eso», porque el corazón de una madre, de un padre, de cualquiera que ama, no se apaga con una orden.

Durante mucho tiempo busqué consuelo en la promesa equivocada. Quería que Dios me asegurara que nada malo iba a pasar, que el camino sería llano, que mis seres queridos estarían siempre a salvo. Pero esa promesa no está en la Biblia. En ningún lugar Dios me jura una vida sin dolor.

Lo que sí me promete es mucho mejor, aunque tardé en entenderlo. No me dice «no habrá noche». Me dice: «Si en las tinieblas me acuesto, allí estás Tú». No me quita el valle de sombra; entra conmigo en él. No me garantiza que evitaré todo abismo; me asegura que ningún abismo queda fuera de su alcance.

Esa es la diferencia que cambia mis noches. El plan de Dios para mi vida no es una lista de resultados buenos que Él me firma por adelantado. El plan de Dios es su presencia. Es que no exista un solo capítulo, por oscuro que sea, al que yo pueda llegar primero. Él ya estuvo allí. Ya fue delante. Cuando mi imaginación me lleva al peor lugar posible, descubro que hasta ese lugar tiene su nombre escrito.

Así que ahora, cuando el miedo me visita de noche, no le peleo prometiéndome finales felices que no controlo. Hago algo más sencillo y más firme: le entrego a Dios el camino que no veo. Confío no en que todo saldrá como quiero, sino en Aquel que ya me espera al otro lado de lo que temo.

Y entonces, por fin, puedo dormir. No porque el futuro esté despejado, sino porque no hay un solo rincón de él donde yo vaya sola.

Oración

Padre, Tú conoces las noches en que no puedo dormir. Conoces los caminos que recorro con la imaginación antes de que existan, los peores finales que ensayo cuando debería estar descansando. Tú sabes lo que amo y lo que temo perder.

Gracias porque no me prometes una vida sin dolor, sino algo más grande: tu presencia sin límites. Gracias porque no hay altura ni abismo, no hay tiniebla ni distancia donde Tú no estés ya esperándome. Perdóname cuando busco seguridad en resultados que no controlo, en vez de buscarla en Ti.

Hoy suelto en tus manos el futuro de los que amo. No te pido que me firmes finales felices; te pido que camines con ellos y conmigo por donde sea que vayamos. Enséñame a confiar no en lo que veo, sino en que Tú ya fuiste delante.

Dame tu paz, Señor, esa que no depende de que todo esté despejado. Ayúdame a acostarme esta noche sabiendo que, aun en las tinieblas, allí estás Tú. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿Qué caminos recorro con la imaginación cuando no puedo dormir?
  • ¿En qué he estado buscando el consuelo equivocado, esperando que Dios me asegure resultados en lugar de su presencia?
  • ¿Qué significa para mí que Dios ya haya ido delante, incluso al lugar que más temo?
  • ¿Qué persona o preocupación necesito soltar hoy en las manos de Dios?
  • ¿Cómo cambiaría mi descanso si confiara en su compañía en vez de en un final controlado?
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