Jehová ordena mis pasos
Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba su camino. — Salmo 37:23 — RVR1960

Mi hija menor aprendió a atarse los zapatos este verano, y desde entonces todo lo hace ella sola. La consecuencia es que salir de casa se volvió una expedición. Un lazo, luego el otro, luego revisar que estén iguales, luego rehacerlo porque uno quedó flojo. Yo, con las llaves en la mano y la mente ya tres calles adelante, sentía crecer la impaciencia por dentro.
Una mañana la miré agacharse en el escalón de la entrada, concentrada en su nudo, la lengua asomando entre los dientes. Y de pronto no quise apurarla. Me senté a su lado y esperé. El sol tibio caía sobre el porche. Un pájaro insistía en la misma nota. No íbamos tarde a nada que valiera más que ese escalón.
He vivido tanto tiempo persiguiendo el destino que casi no miro el trayecto. «Señor, apúrame», suele ser mi oración disfrazada: sácame de esta espera, adelántame a la próxima etapa, que esta parte lenta termine pronto. Como si los tramos ordinarios de la vida fueran una sala de espera antes de lo verdadero.
Pero el Salmo 37 no dice que Dios tolera mi camino con paciencia. Dice que se deleita en él. Se deleita en el paso lento, en el nudo que cuesta, en la temporada que no avanza como yo quisiera. Los espacios entre una cosa y otra, los meses en que nada parece moverse, no son interrupciones de la vida con Él. Son la vida con Él.
Si Dios ordena mis pasos, entonces también ordenó esta pausa. La espera no es un error del itinerario. Es parte del itinerario. Y Él no camina delante de mí, apurado y molesto de que yo me demore. Camina a mi lado, contento, sin prisa, señalándome cosas que yo pasaría por alto si corriera.
Mi hija terminó su lazo, levantó la cara y sonrió como quien ha conquistado un continente. «Listo, mamá.» Le di la mano y bajamos el escalón juntas, despacio. No llegamos antes a ningún lado. Llegamos mejor.
Hoy no le pido a Dios que me apure. Le pido ojos para disfrutar el tramo que estoy pisando, sabiendo que Él se deleita en cada paso.
Oración
Señor, perdóname por vivir corriendo hacia lo que sigue, como si el ahora fuera solo un estorbo en el camino. He tratado los tramos lentos de mi vida como demoras, cuando Tú los llamas parte de la senda que ordenaste para mí. Gracias porque no caminas delante, impaciente conmigo, sino a mi lado, contento y sin prisa. Gracias porque te deleitas en mi camino, incluso en las temporadas que no avanzan como yo quisiera, incluso en las pausas que no entiendo. Enséñame a confiar en que cada paso está afirmado por Ti. Dame ojos para ver tu presencia en lo ordinario: en la espera, en el nudo que cuesta, en el escalón donde me siento a esperar. Quita de mí la ansiedad por llegar y dame el gozo de andar contigo. Si Tú sostienes mi mano, entonces no necesito apurarme. Ayúdame a disfrutar hoy el tramo que estoy pisando, sabiendo que Tú vas conmigo. En el nombre de Jesús, amén.
Para reflexionar
- ¿En qué área de mi vida le estoy pidiendo a Dios que me apure en lugar de acompañarme?
- ¿Qué temporada lenta o de espera estoy viviendo hoy, y cómo cambiaría verla como parte del camino y no como una demora?
- ¿Qué significa para mí que Dios se deleita en mi camino, y no solo lo tolera?
- ¿Qué cosa buena del tramo que estoy pisando me estaría perdiendo por vivir apurada?
- ¿Cómo sería confiar hoy en que mis pasos están ordenados por el Señor?



