Parábolas Para El Alma

¿Redondeas a tu favor la hora que nadie más revisa antes del viernes?

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¿Redondeas a tu favor la hora que nadie más revisa antes del viernes?

La regla torcida

“Un carpintero de buena fama recibe un encargo urgente en su pequeño taller junto a la plaza. La prisa empieza a pesar más que la medida exacta.”

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Junto a una plaza silenciosa había un taller pequeño, donde un carpintero trabajaba la madera desde el amanecer. Tenía buena mano y mejor fama, y la gente del lugar le encargaba sus muebles porque sabían que entregaba piezas firmes y derechas. En la pared del taller colgaba su regla de madera, la herramienta con la que medía cada tablón antes de cortar.

Una mañana le encargaron una mesa para entregar pronto. El carpintero quería terminarla antes de la fecha, cobrarla completa y descansar unos días. Mientras buscaba con qué medir, vio que su regla se había astillado en el centro y que la línea quedaba un poco torcida. Pensó en arreglarla, pero eso le robaría tiempo. "Total", se dijo, "es apenas un dedo de diferencia. Nadie va a notarlo."

Así que midió con la regla falseada. Cortó los tablones de la cubierta, las patas, los travesaños. Cada corte parecía bien hecho, y cuando armó la mesa se veía limpia y reluciente. La barnizó, la pulió y la dejó secando junto a la ventana, seguro de haber hecho un buen trabajo. Esa tarde llegó la familia que la había encargado, con un niño pequeño que correteaba entre las virutas.

El carpintero, orgulloso, invitó a que probaran la mesa. El niño se acercó con un cuenco lleno de agua y lo apoyó en la superficie para mirar su reflejo. Pero la mesa se inclinó apenas, el agua se corrió hacia un lado y el cuenco resbaló hasta volcarse. Una de las patas no tocaba el suelo. La mesa estaba coja.

El carpintero se agachó, revisó las patas y midió de nuevo. Entonces lo entendió. No era la madera. Eran sus propios cortes, todos desiguales por una misma razón: había medido cada uno con aquella línea torcida que él decidió no enderezar. La pequeña trampa que creyó invisible se había repetido en cada pieza, y ahora la obra entera cojeaba. Tuvo que deshacer la mesa y rehacerla desde el principio, perdiendo justamente el tiempo que quiso ahorrar.

Cuántas veces nosotros, como aquel carpintero, aceptamos torcer una pequeña medida que creemos que nadie va a revisar. Un número redondeado de más, una hora de trabajo que no cumplimos pero igual cobramos, una palabra que adornamos para entregar antes. Pensamos que es apenas un dedo de diferencia, que no se notará. Pero la integridad no se prueba en lo que todos vigilan, sino en esas pequeñas medidas ocultas, donde solo nosotros sabemos la verdad. Y una mentira mínima, repetida en cada corte, termina torciendo toda la obra. Recordemos esto: quien tuerce la medida para ganar tiempo termina construyendo pérdida. Endereza tu regla aunque cueste, porque Dios honra el trabajo hecho con verdad, incluso cuando nadie te está mirando.

Versículo

Pesa falsa y medida falsa, ambas cosas son abominación a Jehová. – Proverbios 20:10

Reto para hoy

Esta semana, cuando llenes una planilla, reportes horas o entregues una tarea, revisa la medida que nadie más ve. ¿Dónde estás tentado a redondear a tu favor antes del viernes? Hoy corrige un dato, devuelve un tiempo o avisa a esa persona responsable antes de que el error se vuelva costumbre.

Oración

Dios, muéstrame la pequeña medida que estoy torciendo en mi trabajo, mis cuentas o mis palabras. Dame humildad para corregir hoy ese número, ese horario o esa explicación que no está completa. Ayúdame a preferir la verdad aunque me cueste tiempo, dinero o comodidad. Amén.

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