Devocionales

Jehová tu Dios estará contigo

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No temas, porque Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas.

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. — Josué 1:9 — RVR1960

No temas, porque Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que vayas.

El primer día de escuela, mi hija se quedó parada en la puerta como si el mundo fuera demasiado grande para su cuerpo pequeño. No lloraba por el salón, ni por los cuadernos nuevos, ni siquiera por los niños que aún no conocía. Lloraba porque yo me iba. «No quiero ir sin ti», me dijo, y me abrazó las piernas con toda la fuerza que tenía.

Entendí algo esa mañana. A veces no le tenemos miedo al lugar al que vamos. Le tenemos miedo a ir solos. El destino no nos asusta tanto como la despedida. Mi hija habría entrado corriendo a ese salón si yo pudiera quedarme a su lado, mirándola desde una silla en el rincón.

Me agaché, le sequé la cara y le dije algo que después me repetí a mí misma toda la semana: «No estás sola. Yo te pienso todo el día, y hay Alguien que sí puede quedarse contigo cuando yo no puedo». Le hablé de Dios como de un amigo que no se despide en la puerta.

Porque eso fue lo que Dios le dijo a Josué. Josué estaba de pie frente a algo enorme, un río, una tierra desconocida, un pueblo entero mirándolo. Y Dios no le dijo: «Sé fuerte porque tú puedes». Le dijo: «Sé fuerte porque yo voy contigo». La valentía que Dios pide nunca nace de nuestros propios músculos. Nace de una compañía.

Muchas veces me he pedido coraje a mí misma y me he quedado vacía. Es como intentar encender una lámpara sin electricidad. Pero cuando recuerdo que no camino sola, que el mismo Dios que sostiene las estrellas también sostiene mi mano temblorosa, la valentía llega sin que yo la fabrique. No es que dejo de tener miedo. Es que el miedo deja de tener la última palabra.

Esa tarde mi hija salió del salón contando historias, con la cara distinta. Había cruzado su pequeño río. Y yo, que la esperaba afuera, entendí que Dios me espera del otro lado de cada cosa que temo, y que ya venía caminando conmigo desde antes.

Oración

Padre, tantas veces me quedo parado en la puerta de lo desconocido, con miedo no del lugar, sino de enfrentarlo solo. Gracias porque tú nunca me despides en el umbral. Tú entras conmigo. Tú caminas a mi lado por el río, por la noche, por lo que todavía no comprendo. Perdóname cuando busco valentía dentro de mí mismo y me quedo vacío, olvidando que la fuerza que necesito nace de tu compañía y no de mis fuerzas. Hoy escojo creer tu promesa: que estarás conmigo dondequiera que vaya. Cuando tiemble, recuérdame que no tiemblo solo. Cuando el camino se vea grande, recuérdame que tú eres más grande. Dame el coraje que viene de saberte cerca, ese coraje tranquilo que no niega el miedo pero tampoco le obedece. Y ayúdame a decirle a otros lo que yo necesito oír: que nadie que confía en ti camina en soledad. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿Qué es lo que realmente temo hoy: el destino o enfrentarlo solo?
  • ¿En qué momento intenté ser valiente por mis propias fuerzas y me quedé vacío?
  • ¿Cómo cambiaría mi miedo si de verdad creyera que Dios va conmigo?
  • ¿A quién puedo recordarle esta semana que no camina solo?
  • ¿Qué ‘río’ tengo delante que Dios me está invitando a cruzar con Él?
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