Parábolas Para El Alma

¿Te quedas con el error a tu favor porque nadie lo notaría?

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¿Te quedas con el error a tu favor porque nadie lo notaría?

El ticket arrugado

“Mateo atiende un kiosco junto a la parada mientras intenta reunir dinero para reparar su nevera. La historia explora qué pesa más cuando nadie nota un error a su favor.”

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Mateo tenía un kiosco pequeño junto a la parada de autobús. Vendía café para llevar, periódicos, golosinas y pan, y conocía por nombre a casi todos los que pasaban cada mañana camino al trabajo. La caja registradora era vieja, las monedas quedaban siempre sueltas sobre el mostrador de vidrio, y esa semana Mateo tenía un solo pensamiento clavado en la cabeza: la nevera que conservaba las bebidas frías se había dañado, y necesitaba reunir el dinero para repararla antes de que el calor le espantara a la clientela.

Esa mañana hubo mucho movimiento. Un repartidor en moto se detuvo frente al kiosco, pidió un café para llevar, pagó y siguió de prisa. Detrás de él llegaron dos estudiantes, una señora con bolsas de mercado y un hombre que compró el periódico sin saludar porque iba tarde. Mateo atendía, cobraba y miraba de reojo la nevera apagada, como si el aparato pudiera recordarle a cada minuto lo que le faltaba.

Cuando por fin bajó el movimiento, comenzó a ordenar el cajón. Entre las monedas encontró un ticket arrugado. Lo alisó sobre el mostrador y lo revisó con cuidado. Entonces se dio cuenta de algo: por error, la caja había cobrado dos veces el mismo café para llevar. El repartidor había pagado de más y se había ido sin notarlo.

Mateo se quedó mirando el ticket. Nadie lo había visto. El hombre ni siquiera se había fijado. Y esas monedas, sumadas a las otras, lo acercaban un poco a la reparación de la nevera.

"No es culpa mía si la máquina se equivocó", pensó. "Él no va a volver a reclamar. Esto cae del cielo."

Pero algo no lo dejaba tranquilo. Por más que se dijera que era un golpe de suerte, sabía que ese dinero no era suyo. Cerró la caja por un momento, tomó el ticket y las monedas, y salió a la acera. El repartidor todavía estaba ajustando una caja en la parte de atrás de su moto.

—Disculpe, amigo —le dijo Mateo, alcanzándolo justo antes de que arrancara—. La máquina le cobró el café dos veces. Esto es suyo.

El repartidor se quedó sorprendido. Recibió las monedas, miró el ticket, y luego miró a Mateo con otra cara.

—Pocos harían esto —dijo—. Justamente ando buscando un kiosco de confianza. Trabajo para la cafetería de la esquina y necesitamos quien nos surta el pan fresco cada mañana. Llevo días observando los puestos de la zona. Acaba de mostrarme que el suyo es el indicado.

Mateo se quedó sin palabras. Por unas monedas que pensó quedarse en silencio, había estado a punto de perder un acuerdo que le daría ingresos seguros cada día, mucho más de lo que costaba arreglar la nevera.

Moraleja: Cuántas veces, en el trabajo, una tienda o una cuenta compartida, un error ajeno nos pone algo de más en la mano y nos decimos que no es robo, que nadie reclama, que hasta parece una ayuda de Dios. Pero un cobro indebido no se vuelve bendición solo porque la otra persona no lo note. Devolver lo que no nos corresponde, como hizo Mateo con aquel ticket arrugado, sostiene nuestra conciencia limpia y nuestro buen nombre delante de quienes nos rodean. Recordemos que la integridad se prueba en esos momentos pequeños, cuando un descuido ajeno podría beneficiarnos y nadie lo sabría.

Versículo

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. – Lucas 16:10

Reto para hoy

Esta semana, cuando en el trabajo, una tienda o una transferencia aparezca un error a tu favor, no lo dejes pasar por comodidad. ¿A quién tendrías que avisarle antes de que termine el día? Revisa hoy un recibo, pago o acuerdo pendiente y corrige cualquier detalle que no sea justo. Si no hay nada que devolver, escribe a alguien para aclarar una cuenta que quedó confusa.

Oración

Dios, ayúdame a reconocer el dinero, la ventaja o el silencio que no me corresponde. Perdóname por las veces que he llamado suerte a lo que debía devolver. Dame valor para hablar claro con esa persona o en ese lugar donde hoy puedo corregir algo pequeño. Que mi conciencia pese más que mi conveniencia. Amén.

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