Devocionales

Grandes son sus misericordias cada mañana

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Cada mañana Dios renueva sus misericordias sobre mí.

Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. — Lamentaciones 3:22-23 — RVR1960

Cada mañana Dios renueva sus misericordias sobre mí.

Hay días en que despierto ya cansada, antes de poner un pie en el suelo. La noche fue corta, la lista de pendientes es larga, y lo último que quiero hacer es sentarme a orar. Ayer me costó tanto confiar que hoy siento que no me quedan fuerzas para empezar de nuevo.

Esta mañana fue así. Me quedé un rato sentada al borde de la cama, mirando la ventana con la cortina todavía cerrada. Por la rendija se colaba una línea delgada de luz, tímida, como esperando que yo la dejara entrar. Y pensé: no tengo ganas. No me siento lista. Ayer casi no pude orar y hoy tampoco me nace.

Pero me acordé de algo que leí una vez en C. S. Lewis: que el trabajo más duro de la mañana es empujar hacia atrás todos nuestros deseos y anhelos, y dejar entrar esa otra voz, esa otra vida más grande. Que confiar en Dios tiene que empezar de nuevo cada día, desde cero, sin importar cómo nos fue ayer.

Así que me acerqué a la ventana y abrí la cortina. La luz entró de golpe, sin pedirme cuentas de la noche anterior. No me preguntó si había orado bien ayer, si había confiado lo suficiente, si merecía otra oportunidad. Simplemente estaba ahí, nueva, tibia, disponible.

Entonces entendí que así es Dios conmigo. Sus misericordias no son un préstamo que se me acaba si lo gasto mal. Son nuevas cada mañana. No arrastro el saldo de ayer. Puedo llegar a Él tal como estoy, con el sueño en los ojos y la fe temblorosa, y empezar otra vez.

Me senté igual. Sin sentirme lista. Sin la oración perfecta. Solo abrí las manos y dije: aquí estoy de nuevo, Señor. Y bastó. Porque orar no es demostrarle a Dios lo fuerte que soy; es dejar que su luz entre por la rendija que apenas alcanzo a abrir.

Cada mañana tengo esta cita renovada. No importa cómo terminó el día de ayer. Hoy hay misericordia nueva esperándome, y lo único que Dios me pide es que descorra la cortina y lo deje entrar.

Oración

Señor, gracias porque tus misericordias son nuevas cada mañana. Gracias porque no me cobras el saldo de ayer, ni me pides que llegue perfecta para acercarme a ti. Reconozco que muchas veces despierto cansada, sin ganas, sintiendo que ya gasté toda mi fe. Perdóname cuando creo que depender de ti es algo que debo lograr solo una vez y para siempre. Enséñame a empezar de nuevo cada día, a descorrer la cortina de mi corazón aunque no me sienta lista, y a dejar que tu luz entre sin condiciones. Cuando el día de ayer me pese, recuérdame que hoy tengo una misericordia nueva esperándome. Que orar no sea para mí una carga más, sino el sencillo gesto de abrir mis manos y decirte: aquí estoy otra vez. Gracias porque tú me recibes así, tal como llego. Sé tú mi fuerza para hoy, y mañana volveré a buscarte desde el principio. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿Con qué peso del día de ayer llego a esta mañana?
  • ¿Qué me hace creer que debo sentirme ‘lista’ antes de acercarme a Dios?
  • ¿Cómo cambia mi día saber que las misericordias de Dios son nuevas cada mañana?
  • ¿Qué pequeña ‘cortina’ necesito descorrer hoy para dejar entrar su luz?
  • ¿Puedo escribir una oración sencilla para empezar de nuevo, sin buscar palabras perfectas?
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