Parábolas Para El Alma

¿Revisas lo que nadie verá o esperas que nadie se dé cuenta?

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¿Revisas lo que nadie verá o esperas que nadie se dé cuenta?

El tornillo oculto

“Un carpintero repara una banca de la plaza con prisa por terminar antes del mediodía. La historia explora qué ocurre con lo que queda oculto bajo un trabajo terminado.”

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En una plaza tranquila, junto a una fuente silenciosa, había una banca de madera que el tiempo había desgastado. El alcalde del lugar llamó a un carpintero conocido por sus manos hábiles y le pidió que la dejara firme antes del mediodía. Si terminaba a tiempo, recibiría su paga sin esperar.

El carpintero llegó temprano con sus herramientas. Lijó la madera, ajustó las tablas y revisó los soportes. Todo marchaba bien hasta que descubrió que uno de los tornillos del asiento se había roto. Buscó en su caja, pero no le quedaba ninguno del tamaño correcto. Comprar uno nuevo significaba caminar hasta el otro lado del pueblo, perder una hora y quizás llegar tarde para cobrar.

Entonces, hurgando en el fondo de su caja, encontró un tornillo viejo y oxidado. Estaba gastado y apenas servía, pero todavía entraba. El carpintero lo miró un momento y pensó: "Nadie va a meterse debajo de la banca a revisar. El asiento se ve perfecto por arriba. Quedará igual de bonito y cobraré a tiempo." Así que lo atornilló por debajo, donde ningún ojo curioso miraría, y dio el trabajo por terminado.

Limpió sus herramientas, se sentó a esperar su paga y se sintió satisfecho. La banca lucía como nueva. Nadie sabría jamás lo que escondía por debajo.

Poco antes del mediodía, una anciana de pasos lentos cruzó la plaza apoyada en su bastón. Venía cansada y buscó dónde descansar. Vio la banca recién reparada, brillante bajo el sol, y se acercó agradecida. Se sentó despacio, con todo su peso, confiada en que la madera la sostendría.

En ese instante se oyó un crujido seco. El tornillo oxidado cedió, la tabla se inclinó y la anciana resbaló hacia un lado, salvándose por poco de caer. Sus paquetes rodaron por el suelo. Varias personas corrieron a ayudarla, y todos los ojos se volvieron hacia la banca recién arreglada. Lo que el carpintero creyó invisible quedó a la vista de toda la plaza.

El carpintero quiso explicar, pero no había nada que decir. El tornillo que escondió por debajo terminó hablando por él delante de todos.

Cuántas veces nosotros hacemos lo mismo en nuestro trabajo. Hacemos bien la parte que el jefe va a inspeccionar y descuidamos lo que creemos que nadie verá: la junta que quedó floja, el informe que no revisamos dos veces, la promesa que cumplimos a medias porque "total, nadie se va a dar cuenta". Pero el trabajo hecho a medias delante de nadie tarde o temprano termina hablando delante de todos, y aquel detalle oculto casi nunca daña a un desconocido lejano, sino a alguien que confió en nuestra honestidad, como esa anciana que se sentó esperando firmeza. Recordemos que Dios también mira el tornillo que otros no ven, y que la verdadera integridad no se demuestra en lo que se inspecciona, sino en lo que hacemos cuando creemos que nadie nos mira.

Versículo

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. – Colosenses 3:23

Reto para hoy

Esta semana, cuando estés por entregar un informe, arreglar algo en casa o cerrar una tarea del trabajo, mira también la parte que nadie suele revisar. ¿Qué detalle estás dejando a medias porque crees que no tendrá consecuencias? Hoy elige una tarea concreta, corrige ese punto oculto y avisa antes del viernes a la persona que confía en tu trabajo si necesitas más tiempo.

Oración

Dios, muéstrame lo que he estado haciendo a medias cuando nadie me supervisa. Perdóname por el detalle escondido, la promesa incompleta o la palabra rápida que puede dañar a alguien que confía en mí. Dame humildad para corregir hoy lo que pueda corregir y valentía para pedir más tiempo cuando lo necesite. Ayúdame a trabajar delante de ti, no solo delante de ojos humanos. Amén.

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