Devocionales

Dios abre camino donde no lo hay

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Dios abre camino donde no lo hay

Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. — Éxodo 14:13 — RVR1960

Dios abre camino
donde no lo hay

El otro día mi sobrina de seis años me explicó, con toda seriedad, que Dios hizo el mar, el sol, las montañas y «hasta las ballenas más grandes». Lo dijo abriendo los brazos, como si el mundo entero le cupiera en las manos. Yo asentí, encantado. Y entonces, casi sin transición, se le arrugó la carita y me preguntó si Dios podía hacer que su mamá encontrara trabajo, «porque está muy difícil».

Me quedé pensando en eso mucho después de que ella se fue a jugar. Qué curioso: creía sin dudar en el Dios que sostiene el universo, pero temblaba ante el problema pequeño y cercano de su casa. Y me di cuenta de que yo hago exactamente lo mismo. Confieso que Dios creó todo, que abrió el mar, que resucita muertos. Y en la misma respiración, en secreto, decido que este asunto mío no tiene salida. Como si Dios fuera grande para todo menos para lo que estoy viviendo hoy.

El pueblo de Israel llegó a la orilla del mar con el ejército detrás. Adelante, agua. Atrás, caballos. Ni un centímetro de escapatoria. Y Moisés no les dijo «corran» ni «peleen». Les dijo: «Estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy».

Esa frase me desarma. Porque yo quiero resolver, empujar, calcular una salida. Y Dios me pide algo más humilde: dejar de dictar sentencia por adelantado. Dejar de decidir que no se puede. Quedarme quieto y mirar.

No sé cuál es tu mar esta semana. Una cuenta que no cierra. Una relación rota. Un diagnóstico. Una puerta que llevas meses tocando. Sea lo que sea, quiero decirte algo que yo también necesito escuchar: el Dios que hizo las ballenas más grandes no se queda corto ante lo tuyo. El camino que no ves todavía no significa que no exista. Significa que aún no lo ha abierto.

Así que respira. Suelta el veredicto. Y ponte a mirar, con la confianza terca de un niño, cómo Dios parte aguas que tú ya habías dado por imposibles.

Oración

Padre, confieso que muchas veces creo en tu poder para todo, menos para lo que tengo delante hoy. Te alabo por el mar y las estrellas, y al mismo tiempo declaro, en voz baja, que mi problema no tiene solución. Perdóname por dictar sentencia antes de tiempo, por decidir que no puedes cuando en realidad todavía no vi lo que vas a hacer. Hoy quiero soltar ese veredicto. Quiero estar firme, como me pediste, y ver tu salvación. No sé cómo vas a abrir camino, y ya no necesito saberlo antes; solo necesito confiar en que tú lo abrirás. Dame la fe terca de un niño que cree que su Papá puede. Cuando el miedo me diga que estoy atrapado, recuérdame el mar que partiste. Cuando no vea salida, sostén mi esperanza para que espere en ti sin correr, sin pelear, sin rendirme. Gracias porque nunca me dejas a la orilla sin plan. Gracias porque tú eres el camino donde no lo hay. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿Cuál es el «mar» que hoy parece cerrarte el paso por completo?
  • ¿En qué área confías en el poder de Dios en general, pero lo exceptúas en secreto para tu situación actual?
  • ¿Qué significaría para ti «estar firme y ver» en lugar de resolverlo por tus propias fuerzas?
  • ¿Qué veredicto de «no se puede» necesitas soltar delante de Dios esta semana?
  • Recuerda una vez que Dios abrió un camino que no esperabas. ¿Cómo alimenta eso tu esperanza hoy?
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