¿Qué tarea pequeña pospones que deja en riesgo a tu familia?
El pestillo del portón
“Un muchacho queda a cargo de la casa mientras su padre trabaja y su madre descansa enferma. Su fastidio ante un simple pestillo pondrá a prueba su cuidado por la familia.”
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En una casa de campo, al final de un camino de piedras, vivía un padre con sus dos hijos. La madre llevaba varios días enferma, recostada en su cuarto, y el padre había salido temprano a trabajar la tierra. Antes de irse, llamó al hijo mayor y le dejó un solo encargo.
—Cuida la casa mientras vuelvo. Mantén todo tranquilo para que tu madre descanse. Y sobre todo, cierra siempre el pestillo del portón cuando entres o salgas. Tu hermana es pequeña y le gusta correr.
El muchacho asintió. Le parecía una tarea sin importancia. Ese portón de madera, con su pestillo gastado, daba justo al camino de piedras por donde pasaban las carretas y bajaban los animales del monte. Pero cerrar y abrir aquel pestillo cada vez le resultaba molesto.
"Es solo un pedazo de madera", pensaba. "Nada va a pasar por dejarlo abierto un rato."
Durante la mañana entró y salió varias veces a buscar agua, a tender la ropa y a barrer el patio de tierra. Como creía que una tarea tan sencilla podía esperar, dejó el pestillo suelto. El portón quedó apenas entornado, moviéndose con el viento.
Mientras tanto, su hermana pequeña jugaba en el patio. La madre dormía. La casa estaba en calma, y el muchacho se sintió tranquilo de que todo marchara bien sin tanto esfuerzo.
Fue entonces cuando levantó la vista y no vio a la niña. El patio estaba vacío. El portón, abierto.
Con el corazón en la garganta, corrió hacia el camino de piedras y la encontró ya fuera, a unos pasos, caminando descalza justo cuando una carreta cargada bajaba por la cuesta. El muchacho gritó, corrió y alcanzó a tomarla del brazo, apartándola a tiempo. La carreta pasó de largo levantando polvo.
Abrazado a su hermana, temblando, el hijo mayor comprendió lo que no había entendido en toda la mañana. Aquel pestillo que tanto le molestaba no estaba allí para cuidar la madera del portón ni para complicarle el día. Estaba allí para cuidar una vida. La tarea pequeña que despreció era, en realidad, lo único que se interponía entre su hermana y el peligro.
Esa tarde, cuando el padre regresó, encontró el portón bien cerrado y el pestillo firme en su lugar. El muchacho ya no necesitaba que se lo recordaran.
Moraleja: cuántas veces despreciamos las responsabilidades pequeñas del hogar pensando que no importan, que pueden esperar o que cualquiera puede hacerlas. Cerrar un portón, apagar una estufa, recoger algo del suelo o avisar dónde estamos parecen molestias sin valor, pero en una familia pueden ser actos concretos que protegen a quienes amamos. Recordemos que no cuidamos el orden por el orden mismo: cuidamos vidas, descanso y tranquilidad. La próxima vez que una tarea sencilla del hogar parezca poca cosa, hagámosla con amor, porque muchas veces lo pequeño es justamente lo que mantiene a salvo a los nuestros.
Versículo
El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. – Lucas 16:10
Reto para hoy
Esta semana, cuando salgas con prisa o veas algo fuera de lugar en casa, no lo dejes para "después". ¿Qué tarea pequeña estás posponiendo que podría afectar a alguien que vive contigo? Hoy mismo hazla y avisa a esa persona que quedó resuelta. Antes del viernes, elige una responsabilidad doméstica fija y cúmplela sin esperar que te la recuerden.
Oración
Dios, ayúdame a no tratar como molestia lo que protege a quienes amo. Perdóname por las tareas pequeñas que sigo dejando para después. Dame atención hoy para cerrar bien lo que debo cerrar, avisar a tiempo y cuidar sin que me aplaudan. Que mi casa reciba amor en mis actos pequeños. Amén.



