Devocionales

Dios es amor, y me amó primero

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Dios es amor, y me amó primero. Hoy solo recibo lo que Él ya me dio.

El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. — 1 Juan 4:8 — RVR1960

Dios es amor, y me amó primero.
Hoy solo recibo lo que Él ya me dio.

Ayer, mientras terminaba de secar los platos, mi sobrina de tres años se acercó despacio, tiró de mi delantal y, sin ningún motivo, dijo: «Tía, te quiero». No le había prometido nada. No le había dado dulces ni sacado un juguete. Simplemente lo dijo, como quien respira. Después volvió corriendo a sus bloques, sin esperar respuesta.

Me quedé quieta con el trapo en la mano. Hay algo desarmante en un amor que no pide nada, que no negocia, que sale del corazón sin cálculo. Y de pronto me hice una pregunta incómoda: ¿cuándo fue la última vez que yo le dije a Dios «te amo» sin estar pidiéndole algo? Casi siempre me acerco a Él con una lista. Necesito esto, arregla aquello, cuida a los míos. Es raro que llegue solo para decirle que lo quiero, así, sin motivo.

Entonces recordé algo que me deja sin aire cada vez que lo pienso: Él lo dijo primero. Antes de que yo supiera pronunciar su nombre, antes de que hiciera nada bueno, antes de mis fallas y mis distancias, Dios ya me amaba. La Escritura no dice solamente que Dios ama, dice que Dios es amor. No es un estado de ánimo que va y viene según mi comportamiento. Es lo que Él es, en su esencia, para siempre.

Amamos porque Él nos amó primero. Ese es el orden. No tengo que fabricar sentimientos ni ganarme su cariño con esfuerzo. Mi tarea de hoy, la única, es la de una niña que se deja abrazar: recibir. Dejar que ese amor me alcance, me llene, me sostenga.

Y después, como mi sobrina que volvió a sus bloques con el corazón liviano, salir a vivir. No para pagar una deuda, sino porque el amor recibido se desborda solo. Quizá hoy tú también necesitas parar el trajín, soltar el trapo, y simplemente dejarte querer por Aquel que te amó primero. Él ya lo dijo. Solo falta que lo creas.

Oración

Padre, hoy no vengo con una lista. Vengo despacio, como una niña que solo quiere estar cerca de quien la ama. Gracias porque Tú eres amor, no porque yo lo merezca, sino porque esa es tu naturaleza. Gracias porque me amaste primero, cuando yo ni siquiera te buscaba, cuando estaba lejos, cuando fallaba. Perdóname las veces que me acerqué a Ti solo para pedir, y casi nunca para decirte cuánto te quiero. Enséñame a recibir tu amor sin condiciones, sin sentir que debo ganármelo. Quiero descansar en el hecho de que ya soy tuya, ya soy amada, ya estoy completa en Ti. Y desde ese lugar seguro, Señor, que mi vida se desborde en amor: hacia Ti, hacia los que me rodean, sin cálculo y sin miedo. Hoy te lo digo sin motivo alguno, solo porque es verdad: te amo. Recíbeme en tus brazos. Amén.

Para reflexionar

  • ¿Cuándo fue la última vez que te acercaste a Dios solo para decirle que lo amas, sin pedirle nada?
  • ¿Qué te cuesta más: recibir el amor de Dios o intentar ganártelo? ¿Por qué?
  • Escribe con tus palabras qué significa que Dios no solo ama, sino que es amor.
  • ¿En qué área de tu vida necesitas hoy simplemente dejarte amar por Él?
  • ¿A quién podrías amar esta semana como fruto del amor que has recibido de Dios?
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