Devocionales

Grande ha sido tu fidelidad, Señor

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Grande ha sido tu fidelidad conmigo, y lo será también mañana.

Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. — Lamentaciones 3:22-23 — RVR1960

Grande ha sido tu fidelidad conmigo,
y lo será también mañana.

Antes de cerrar la puerta de este año, me detuve. No para hacer listas de propósitos ni para correr hacia lo nuevo, sino para hacer algo más sencillo y más profundo: mirar hacia atrás.

Es raro cómo vivimos siempre apurados hacia lo que viene. Apenas termina algo, ya estamos pensando en lo próximo. Pero esa mañana me senté con una taza tibia entre las manos y me obligué a recordar. Recordar el camino ya recorrido, como quien se voltea a ver el sendero que dejó atrás en un campo largo.

Y entonces empecé a ver.

Vi los meses difíciles, sí. Hubo noches de lágrimas, cuentas que no cerraban, una conversación que me rompió el corazón, días en que sentí que no podía más. No lo escondo. Fue un año imperfecto, con dolores reales.

Pero mientras recordaba, noté algo. En cada uno de esos momentos había una mano sosteniéndome. El dinero que llegó justo a tiempo. La amiga que llamó sin saber lo mal que estaba yo. La paz que me visitó cuando debí haber estado deshecha. Fuerzas que no eran mías. Consuelo que no sé de dónde vino, pero sé de Quién vino.

En la Biblia, cuando el pueblo de Dios cruzaba un río o vencía una batalla, juntaban piedras y las apilaban como monumento. No para decorar, sino para recordar. Para que cuando los hijos preguntaran «¿qué son estas piedras?», los padres contaran la historia de cómo Dios los había ayudado.

Eso hice esa mañana. Apilé mis piedras. Nombré una por una las veces que Él fue fiel.

Y algo cambió en mi corazón. El miedo al año nuevo se aflojó. Porque si el Dios que me acompañó en cada valle del año que termina es el mismo Dios que camina hacia adelante conmigo, entonces no tengo por qué temer lo desconocido.

La gratitud se volvió gozo. Y el gozo se volvió confianza.

Hoy miro el horizonte, ese mar abierto de lo que aún no conozco, y no me tiembla el paso. Porque Aquel que ha sido fiel hasta aquí no me soltará ahora.

Oración

Padre fiel, me detengo delante de ti para recordar. Gracias por cada día de este año que termina, los alegres y también los difíciles. Perdóname cuando corrí tan apurada que no me detuve a verte obrar. Hoy quiero apilar mis piedras de gratitud: estuviste en cada valle, me sostuviste cuando no podía sola, me consolaste cuando lloré. Reconozco tu mano en las bendiciones que vi y en las que apenas ahora descubro. Señor, tu amor me acompañó por cada estación, y tu fidelidad nunca falló. Gracias por eso. Al mirar hacia adelante, hacia lo que no conozco, lleno mi corazón de tu paz. Si me cuidaste hasta aquí, sé que no me soltarás mañana. Cambia mi miedo por confianza y mi ansiedad por gozo. Que empiece el nuevo tiempo no corriendo, sino descansando en la certeza de que tú vas conmigo. Grande ha sido tu fidelidad, Dios mío, y grande seguirá siendo. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿Cuáles son las tres «piedras» de gratitud que quiero apilar del año que termina?
  • ¿En qué momento difícil, mirando hacia atrás, puedo ahora reconocer la mano de Dios sosteniéndome?
  • ¿Qué miedo tengo frente al año nuevo, y qué prueba de la fidelidad de Dios puedo poner frente a ese miedo?
  • ¿Cómo cambia mi corazón cuando dejo de correr hacia adelante y me detengo a recordar?
  • ¿A quién puedo contarle una historia de la fidelidad de Dios en mi vida esta semana?
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