Parábolas Para El Alma

¿Apartas al que te pide tiempo sin ver el peligro que evitas?

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¿Apartas al que te pide tiempo sin ver el peligro que evitas?

El tablón firme

“Un campesino prudente corre hacia un puente del bosque mientras el arroyo crece bajo nubes negras. Su prisa chocará con una petición que parece demasiado pesada.”

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Un campesino prudente caminaba por un sendero del bosque, apurando el paso. Las nubes se habían puesto negras sobre las copas de los árboles y el arroyo, que de costumbre bajaba manso, ahora corría hinchado y turbio. Él conocía el peligro: debía cruzar al otro lado por el viejo puente angosto de madera antes de que el agua subiera más y lo arrancara de cuajo.

Cerca del puente encontró a un viajero anciano sentado sobre una piedra, frotándose un tobillo lastimado. El hombre tenía un atado de leña y un bastón, pero apenas podía sostenerse en pie.

—Buen hombre, ¿podrías ayudarme a cruzar? El agua me da miedo y mis piernas ya no responden.

El campesino dudó. El cielo gruñía y cada minuto contaba. Si cargaba al anciano y su leña, se mojaría, perdería tiempo, quizás los dos terminarían en el agua. "Mejor sigo solo y rápido", pensó. Pero al mirar de nuevo aquel rostro cansado, algo en su pecho no le dejó dar la espalda. Suspiró, se echó al hombro parte de la leña y ofreció su brazo al viajero.

Avanzaron despacio hacia el puente. Justo entonces la lluvia arreció con fuerza, y el arroyo empezó a lamer los primeros tablones. El campesino sintió que el corazón se le encogía: las maderas estaban resbalosas y algunas se mecían sueltas sobre la corriente. No sabía por dónde pisar.

Entonces el anciano, aferrado a su brazo, le habló al oído con calma:

—Yo cruzo este puente desde niño. No pises el tablón del centro, está podrido por debajo y se hunde con el peso. Pon el pie en el de la orilla, junto al pasamano. Ese aguanta. Sígueme paso a paso.

El campesino obedeció. Donde su instinto lo habría llevado, el agua ya se tragaba la madera floja. Pero siguiendo la voz del viajero, fue posando los pies sobre los tablones firmes, uno tras otro, hasta que ambos pisaron tierra seca al otro lado. Apenas lo hicieron, una rama enorme bajó por la corriente y reventó el centro del puente, justo donde él habría puesto el pie de haber ido solo y de prisa.

El campesino se quedó mirando el agua, temblando. El estorbo que había querido evitar resultó ser la única guía que lo salvó de caer.

Moraleja: Cuántas veces, como aquel campesino, miramos a quien nos pide ayuda como un retraso en nuestros planes y pensamos que es mejor seguir solos y rápido. Pero a veces la persona que interrumpe nuestra prisa es justamente la que Dios pone allí para mostrarnos el tablón firme que no veíamos. Esta semana, cuando alguien te pida tiempo, ayuda o escucha, no lo apartes tan pronto: detente, ofrece tu brazo y escucha con paciencia. Quizá ese rodeo que tanto te molesta sea el camino que Dios preparó para librarte de un peligro escondido.

Versículo

No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. – Hebreos 13:2

Reto para hoy

Esta semana, cuando un compañero, vecino o familiar interrumpa tu horario con una necesidad concreta, no respondas en automático. ¿A quién podrías ofrecerle hoy quince minutos de ayuda o escucha antes de seguir con lo tuyo? Escríbele antes de que termine el día y pregúntale: "¿Qué necesitas que haga por ti esta semana?"

Oración

Dios, ayúdame a reconocer la necesidad que aparece justo cuando voy con prisa. Perdóname por las veces que he visto a otros como estorbo y no como alguien que merece mi atención. Dame paciencia para detenerme ante esa persona que esta semana me pida tiempo, ayuda o escucha. Enséñame a caminar por el paso firme que tú preparas, aunque no sea el más rápido. Amén

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