Parábolas Para El Alma

Antes de abrir el paraguas, mira quién ya se moja junto a ti

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Antes de abrir el paraguas, mira quién ya se moja junto a ti

El paraguas azul

“Un padre llega con su hijo a la plaza, orgulloso de su gran paraguas azul. Su deseo de ayudar a todos empieza a revelar un descuido que nadie había notado al principio.”

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Una tarde de otoño, un padre y su hijo llegaron a la plaza del pueblo y se sentaron en una banca de piedra junto a la fuente. El padre llevaba un paraguas grande de tela azul, tan ancho que podía cubrir a varias personas. Lo cuidaba mucho, no solo porque era útil, sino porque los vecinos ya lo conocían por andar siempre dispuesto a ayudar.

El niño se sentó a su lado con una pequeña bolsa de libros sobre las rodillas. Había salido de la escuela cansado, y solo quería volver a casa para tomar algo caliente. Pero el padre miró el cielo y dijo:

—Esperemos un momento. Si llueve, tal vez alguien necesite ayuda.

No tardaron en caer las primeras gotas. Una vecina pasó cargando dos canastas, apurando el paso sobre las piedras mojadas. El padre se levantó de inmediato, abrió el paraguas azul y corrió hacia ella.

—Permítame acompañarla hasta la esquina —dijo con una sonrisa.

La mujer le agradeció varias veces. Algunos que estaban bajo los portales comentaron lo atento que era aquel hombre. El padre volvió a la banca satisfecho, sacudiendo las gotas del paraguas.

Poco después apareció un anciano que caminaba despacio, apoyado en un bastón. El padre se adelantó otra vez.

—No se moje, buen hombre. Yo lo cubro hasta su puerta.

El niño lo vio alejarse bajo la lluvia. Al principio sonrió, orgulloso de su padre. Pero el agua empezó a correr por el borde del techo cercano y le salpicó los zapatos. Se encogió sobre la banca, abrazó su bolsa y esperó.

Una y otra vez, el padre regresaba y volvía a salir. Cubrió a un comerciante con paquetes, a una joven con papeles en la mano, a un vecino que cruzaba la plaza sin abrigo. Cada persona le daba las gracias. Cada agradecimiento parecía hacerlo caminar más derecho.

—Papá, ¿ya nos vamos? —preguntó el niño cuando la lluvia se hizo más fuerte.

—Enseguida, hijo. Solo acompaño a aquel señor y volvemos a casa.

Pero aquel señor fue seguido por otra persona, y luego por otra más. La plaza quedó casi vacía. El niño tenía los pies fríos y el cabello húmedo. La fuente rebosaba, y el agua bajaba por los escalones como pequeños arroyos.

Cuando al fin el padre regresó, buscó a su hijo en la banca. La banca estaba vacía.

Sintió un golpe en el pecho. Miró hacia un lado y hacia el otro, hasta que lo vio al otro extremo de la plaza. Un vecino sencillo lo llevaba tomado de la mano y lo había envuelto con su propia capa para cubrirlo de la lluvia. El niño caminaba junto a él, todavía temblando un poco.

El vecino se acercó, dejó al niño bajo un techo y miró al padre con calma.

—Buen hombre —le dijo—, vi que su paraguas cubrió a media plaza esta tarde. Solo hay algo que no entiendo: ¿por qué cubrió a todos menos a su propio hijo?

El padre no encontró palabras. Bajó la mirada y vio el paraguas azul abierto sobre nadie. Entonces comprendió que, mientras buscaba elogios por su bondad, había dejado mojado al que Dios le había puesto más cerca.

Moraleja: Cuántas veces nosotros también corremos a servir a los de afuera, mientras los nuestros esperan en silencio bajo la lluvia de nuestra prisa. Queremos que nos llamen atentos, generosos y disponibles, pero descuidamos la conversación pendiente con un hijo, la escucha que necesita la pareja o el cuidado que pide un padre anciano. La generosidad que Dios aprueba no empieza con los aplausos de la plaza, sino con la fidelidad en la propia casa. Antes de abrir el paraguas para todos, miremos si alguien cercano ya se está mojando a nuestro lado.

Versículo

Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo. – 1 Timoteo 5:8

Reto para hoy

Cuando te pidan ayuda fuera de casa esta semana, revisa primero si alguien cercano lleva días esperando tu atención. ¿A qué hijo, pareja, padre, madre o hermano tendrías que escuchar antes del viernes? Hoy envíale un mensaje, aparta veinte minutos sin celular y pregúntale qué necesita de ti esta semana.

Oración

Dios, muéstrame si estoy usando mi ayuda para ser visto mientras alguien cercano espera mi atención. Dame humildad para mirar a las personas de mi casa con amor y sin prisa. Ayúdame hoy a buscar a esa persona que necesita mi tiempo y a cumplir una promesa concreta esta semana. Amén.

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