¿Barnizas la grieta o la arreglas donde nadie va a revisar?
Bajo el barniz
“Un carpintero acepta entregar esa misma tarde un banco sencillo para un desconocido. La prisa lo enfrenta a una falla que podría quedar oculta.”
🎧 Escucha la reflexión
En la esquina de una plaza, junto a un árbol ancho que daba sombra a unos bancos gastados, trabajaba un carpintero conocido por la firmeza de sus muebles. Una mañana, un hombre llegó con un encargo sencillo: un banco de madera para sentarse a descansar, terminado esa misma tarde. El carpintero aceptó, calculó el precio y se puso a trabajar de inmediato.
Midió, cortó y unió las piezas con cuidado. Pero cuando llegó el momento de colocar la tabla del asiento, descubrió que la única que tenía del tamaño justo era una tabla clara, hermosa por fuera, atravesada por una veta oscura. El carpintero la conocía bien: esa veta no era solo color. Era señal de carcoma, de esa debilidad que va comiendo la madera por dentro aunque la superficie parezca sana.
Lo correcto era buscar otra tabla, cortarla, lijarla y empezar de nuevo. Eso le quitaría la tarde entera. Miró el sol, que ya empezaba a bajar, y pensó en el tiempo perdido, en el cansancio y en la ganancia completa que quería cobrar.
Entonces se dijo: "El cliente es un desconocido. No notará nada". Pasó la mano por la tabla dañada, la colocó en su lugar y la cubrió con una buena capa de barniz. La veta oscura quedó escondida bajo el brillo. El banco se veía fuerte, limpio, recién hecho. Nadie podría adivinar lo que se ocultaba debajo.
Satisfecho, cargó el banco al hombro y fue a entregarlo. Siguió la dirección escrita en un papel, caminó calle abajo, dobló una esquina conocida y se detuvo frente a una puerta que conocía mejor que ninguna. Era la casa de su madre.
El hombre del encargo salió a recibirlo sonriendo. Había querido sorprender a la anciana con un banco nuevo para la entrada de su casa, sin imaginar que el carpintero sería su propio hijo. La madre apareció despacio, agradecida, acarició la madera brillante y dijo que le parecía hermoso.
Luego se sentó sobre la tabla recién barnizada. La madera crujió bajo su peso, un crujido seco que solo el carpintero supo entender. En ese instante se le fue el color del rostro. Comprendió que no había engañado a un desconocido. Había puesto una falla escondida debajo de la persona que más amaba.
Sin decir una palabra, se acercó, ayudó a su madre a levantarse y cargó el banco de regreso al taller. Quitó la tabla dañada, buscó otra, la cortó y trabajó hasta que oscureció. Cuando volvió con el banco firme, ya no brillaba tanto como antes, pero podía sostener a cualquiera sin miedo.
Moraleja: muchas veces, por ahorrar esfuerzo o ganar tiempo, cubrimos con una capa de barniz lo que deberíamos arreglar de raíz, pensando que nadie notará la falla escondida. Pero el trabajo hecho con engaño no desaparece: queda debajo del brillo, listo para fallarle a quien menos imaginamos, incluso a quienes más amamos. Recordemos que la integridad se prueba en esa parte del trabajo que creemos que nadie revisará. Haz bien lo que te toca, aun cuando nadie esté mirando, porque tarde o temprano alguien se sentará sobre lo que tú construiste.
Versículo
Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. – Colosenses 3:23
Reto para hoy
Esta semana, cuando entregues un informe, un pedido, una reparación o una tarea en casa, no te conformes con que "se vea bien". ¿A quién podrías afectar si esa falla oculta aparece después? Hoy elige una cosa pendiente que ibas a dejar a medias y corrígela antes de entregarla o darla por terminada.
Oración
Dios, muéstrame la falla que estoy cubriendo con buen aspecto. Dame valor para corregir lo que nadie me está exigiendo revisar. Ayúdame a no esconder bajo el brillo lo que debo reparar con honestidad. Que las personas que dependen de mi responsabilidad reciban algo firme y verdadero. Amén.



