Parábolas Para El Alma

¿Callas cuando se burlan de quien siempre te tiende la toalla?

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¿Callas cuando se burlan de quien siempre te tiende la toalla?

Jueves en la cancha

“Raúl llegaba cada jueves a jugar fútbol rápido después de trabajar en el taller. Una oferta importante pondría a prueba su silencio frente a una burla.”

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Cada jueves por la tarde, Raúl llegaba a la cancha techada del club con las manos negras de grasa. Venía directo del taller, sin tiempo para pasar por su casa, y entraba casi corriendo para no perderse el partido de fútbol rápido. Apenas se sentaba en la banca metálica, encontraba siempre lo mismo: una toalla gris, vieja y manchada, que Tito dejaba doblada en el mismo rincón para que su amigo se limpiara las manos. Nunca hablaban de eso. Tito simplemente la ponía ahí, jueves tras jueves, desde hacía años.

Esa tarde era especial. Don Ernesto, dueño de una flotilla de motos de reparto, había aceptado jugar con ellos. Raúl llevaba semanas soñando con ese contrato de mantenimiento. Si don Ernesto le confiaba sus motos, su pequeño taller por fin respiraría.

Mientras calentaban, don Ernesto miró a Tito, que era el más bajito y torpe del equipo, y soltó una burla. Luego otra. Se rió de cómo corría, de cómo pateaba, de su barriga. Algunos en la cancha se rieron también, por quedar bien con el hombre del dinero. Raúl sintió que se le encogía el estómago, pero se quedó callado. No quería arriesgar el contrato.

Don Ernesto se acercó a Raúl, le pasó el brazo por el hombro y le dijo en voz baja: "Oye, ese gordito no sirve. Apóyame para sacarlo del equipo y arreglamos lo de tus motos hoy mismo."

Raúl bajó la mirada. Y entonces la vio. La toalla gris, doblada en la banca, esperándolo como cada jueves. Pensó en todas las veces que Tito la había dejado ahí sin pedir nada a cambio, en todas las veces que su amigo lo había recibido con las manos sucias sin un solo reproche.

Raúl quitó el brazo de don Ernesto con suavidad y dijo claro, para que todos oyeran: "Tito juega conmigo o yo no juego. Y a mí me reciben con las manos sucias todas las semanas sin burlarse. Si ese es el trato por el contrato, quédese con sus motos."

Se hizo un silencio incómodo. Don Ernesto frunció el ceño y se fue sin decir nada. Raúl creyó que había perdido la oportunidad de su vida. Pero entonces sintió que le ponían algo en las manos. Era Tito, que sin decir palabra le había acercado otra vez la toalla. Lo miró a los ojos y le dijo bajito: "Gracias por no venderme. Eso vale más que cualquier moto." Esa tarde jugaron, perdieron el partido, y Raúl volvió a casa más liviano que nunca.

Moraleja: la lealtad verdadera no se mide cuando todo va bien, sino en el momento exacto en que defender a un amigo nos cuesta quedar mal frente a alguien importante. Cuántas veces, como Raúl al principio, guardamos silencio mientras se burlan de alguien que nos ha querido bien, solo porque tememos perder una ventaja, un favor, un contrato. Pero el amigo leal no negocia el silencio para salvar su conveniencia. Un amigo que nos recibe sin reproches, que nos tiende la toalla cada semana, merece que lo defendamos aunque eso nos cierre una puerta. Esta semana, cuando veas que humillan a alguien fiel a ti y callar te convenga, recuerda la toalla de Tito: la amistad que vale no se vende ni se calla, aunque cueste.

Versículo

En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia. – Proverbios 17:17

Reto para hoy

Esta semana, si en el trabajo, en el grupo de amigos o en el chat familiar alguien se burla de una persona que te ha tratado bien, no te escondas detrás del silencio. ¿A quién tendrías que defender con una frase clara antes de que termine la semana? Hoy piensa una respuesta sencilla y úsala si hace falta: "Con él no se burlen, por favor".

Oración

Dios, muéstrame dónde he preferido quedar bien antes que defender a quien ha sido fiel conmigo. Perdóname por el silencio cómodo y por la risa que no frené. Dame valor esta semana para hablar con respeto cuando vea una burla injusta. Ayúdame a cuidar a las personas que me han sostenido sin pedir nada. Amén.

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