Devocionales

Corramos con paciencia la carrera

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Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, con los ojos puestos en Jesús

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. — Hebreos 12:1-2 — RVR1960

Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, con los ojos puestos en Jesús

Esta mañana observé a mi hijo pequeño saltar de un lado a otro antes de una carrera del jardín de niños. Tenía sus tenis nuevos, comió su desayuno favorito «para correr rápido» y no dejaba de repetirme que él iba a ganar. Cuando por fin llegó su turno, la carrera duró apenas unos segundos. Un estallido de piernitas corriendo, un montón de aplausos, y ya. Se acabó.

Mientras aplaudía, algo se me acomodó por dentro. Últimamente he estado cansada de lo lento que avanzo en mi fe. Quiero resultados rápidos. Quiero madurar de golpe, orar mejor de un día para otro, dejar atrás las mismas luchas de siempre en una sola tarde. Envidio un poco esa carrera de mi hijo: intensa, breve, con público y medalla al final.

Pero la carrera que Dios me llama a correr no es de unos segundos. Es de décadas. Es levantarme mañana tras mañana, elegir la fe cuando nadie me ve, perdonar otra vez, orar otra vez, confiar otra vez. Es el paso lento y sin aplausos que casi nunca se siente como un triunfo.

Hebreos me dice que corra «con paciencia». No con velocidad. No con atajos ni con jugos mágicos que prometen madurez instantánea. Con paciencia. Y esa palabra, que tantas veces me pesa, hoy me trajo descanso. Porque significa que no voy retrasada. Significa que la constancia callada del día ordinario no es tiempo perdido entre montañas espirituales. Ese caminar lento y fiel es la carrera misma.

Lo que me sostiene no son mis piernas ni mi rapidez, sino los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de mi fe. Él corrió su carrera hasta el final. Él no buscó atajos en el huerto ni en la cruz. Y ahora me acompaña en la mía, marcando el paso, sosteniéndome cuando me quiero rendir.

Mi hijo ya olvidó su carrera de esta mañana. Pero yo me llevo la lección: no tengo que ganar rápido. Solo tengo que seguir corriendo, un día a la vez, mirándolo a Él.

Oración

Padre, gracias porque no me pides que corra rápido, sino que corra fiel. Confieso que muchas veces me canso de lo lento que avanzo, que busco atajos y me frustro cuando no veo resultados inmediatos. Perdóname por medir mi fe con el reloj y por creer que la constancia sin aplausos es tiempo perdido. Hoy quiero descansar en tu paciencia. Ayúdame a levantarme cada mañana y elegirte de nuevo, aunque nadie lo vea, aunque no se sienta glorioso. Recuérdame que el caminar lento y ordinario es la carrera misma, y no un relleno entre momentos altos. Fija mis ojos en Jesús, que corrió hasta el final y no tomó atajos por amor a mí. Que su ejemplo me sostenga cuando quiera rendirme. Dame fuerza para perseverar, fe para confiar en tu ritmo y paz para soltar mi prisa. Quiero terminar bien, Señor, no rápido. Y sé que contigo lo haré. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿En qué área de mi fe estoy buscando atajos o resultados rápidos?
  • ¿Cómo me siento cuando comparo mi ritmo espiritual con el de otros?
  • ¿Qué acto pequeño y fiel puedo repetir hoy, aunque nadie lo vea?
  • ¿Qué significa para mí fijar los ojos en Jesús en medio de lo ordinario?
  • ¿Dónde necesito pedirle a Dios paciencia para perseverar en lugar de rendirme?
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