Parábolas Para El Alma

Cuando las notas reemplazan la voz, sana escuchando hoy

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Cuando las notas reemplazan la voz, sana escuchando hoy

El imán de manzana

“Clara dejaba notas en el refrigerador para ordenar la casa y evitar descuidos. Su matrimonio empezaba a preguntarse si todavía quedaba espacio para escucharse.”

🎧 Escucha la reflexión

Clara era maestra de primaria, y eso se notaba en su cocina. Pequeña, de azulejos blancos, con una mesa de madera y un refrigerador cubierto de papeles que un imán de manzana roja apenas lograba sostener. Entre los dibujos de sus alumnos y las listas del mercado, Clara había empezado a dejarle notas a su esposo Diego. "No olvides pagar el recibo." "Las llaves van en el gancho, no en la mesa." "Llegaste tarde otra vez."

Las escribía con el mismo marcador rojo con que corregía los cuadernos en la escuela. Sin darse cuenta, había empezado a tratar a Diego como a un alumno distraído al que hay que recordarle todo. Quería volver a cenar con él como antes, conversando sin prisa. Pero cada cena terminaba en reproche, y cada reproche encontraba su eco en una nota nueva pegada al refrigerador.

Aquella noche, mientras el té se calentaba en la estufa, los dos comían en silencio. Clara empezó con un comentario, Diego respondió cortante, y la tensión subió como el vapor de la olla. En medio de la discusión, ella se levantó de golpe y rozó el refrigerador. El imán de la manzana, vencido por el peso, se soltó. Todos los papeles cayeron y quedaron regados sobre la mesa de madera.

Clara se agachó a recogerlos y entonces se quedó quieta. Entre sus listas y sus correcciones había otras notas, escritas con letra de Diego. "¿Podemos hablar el domingo?" "Te extraño en las cenas." "Quiero contarte algo del trabajo." Estaban allí desde hacía semanas, debajo de las suyas, tapadas una y otra vez por cada nuevo recado que ella pegaba encima sin mirar lo que cubría.

Clara sintió que se le cerraba la garganta. Mientras ella escribía órdenes, Diego había estado pidiendo conversación. Ella había llenado el refrigerador de instrucciones y no había leído ni una sola de las súplicas calladas de su esposo. Había organizado la casa entera y había dejado el corazón de su matrimonio tirado debajo de un imán.

Sin decir nada, Clara guardó el marcador rojo en un cajón. Apagó la estufa, sirvió dos tazas de té y se sentó frente a Diego. "Hablemos diez minutos", le dijo en voz baja. "Sin corregirnos, sin defendernos. Solo escuchar." Diego la miró sorprendido, y por primera vez en mucho tiempo, los dos se quedaron en la mesa después de la cena.

Cuántas veces, como Clara, llenamos la casa de recados y vaciamos la relación de escucha. Le dejamos a nuestra pareja listas de lo que hace mal, pero no le preguntamos qué está viviendo por dentro. Recordemos esto: los recados pegados en el refrigerador pueden organizar la casa, pero solo escuchar con humildad puede ordenar el corazón de quien amamos. Guardar el marcador rojo y servir dos tazas de té cuesta menos que un reproche, y vale mucho más. Antes de corregir a tu pareja una vez más, pregúntale cómo está, y quédate callado el tiempo suficiente para oír la respuesta.

Versículo

Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse. – Santiago 1:19

Reto para hoy

Esta semana, cuando estés por reclamarle algo a tu pareja o a alguien de tu casa, detente antes de soltar la lista. Pregúntale: "¿Cómo estás viviendo esto por dentro?" y escucha sin interrumpir durante cinco minutos. Hoy mismo elige a esa persona y busca un momento tranquilo para hablar sin corregir.

Oración

Dios, reconozco que a veces quiero corregir antes de escuchar. Ayúdame con esa persona de mi casa a la que he respondido con listas, reclamos o silencios. Dame humildad para hacer una pregunta sincera y quedarme callado el tiempo suficiente para oír. Que mis palabras esta semana abran una conversación y no otra defensa. Amén.

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