Parábolas Para El Alma

Detenerte cuesta propinas, pero el amigo vale más que tu prisa

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Detenerte cuesta propinas, pero el amigo vale más que tu prisa

El arroz de Rafa

“Luis repartía pedidos en el mercado mientras juntaba propinas para comprar medicinas a su madre. Su prisa chocaría con una ayuda que no estaba en sus planes.”

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Luis llevaba toda la mañana subido a su moto, repartiendo bolsas por los pasillos del mercado. Tenía una sola idea en la cabeza: terminar rápido las entregas, juntar las propinas del día y comprarle las medicinas a su madre, que llevaba una semana con fiebre. Cada minuto contaba. Cada cliente que esperaba era un poco más de dinero para el bolsillo.

A media mañana, mientras pasaba frente a la tienda de la esquina, vio a Rafa parado junto a su moto, con las manos llenas de grasa. El motor se le había averiado y tenía una entrega pendiente, un saco de arroz de veinticinco kilos que un cliente esperaba al otro lado del barrio.

—Luis, ayúdame a llevar esto, por favor. Se me apagó la moto y no arranca —le dijo Rafa, limpiándose las manos en el pantalón.

Luis miró el saco, miró su reloj y sintió el peso de su propia prisa. Si se detenía a ayudar a Rafa, perdería al menos tres entregas, tres propinas que necesitaba. Fingió que iba apurado.

—Ahora no puedo, hermano. Tengo la ruta llena. Pídele a otro —contestó, y aceleró sin mirar atrás.

Rafa se quedó solo en el pasillo, entre los sacos de arroz y las bolsas colgadas, viendo a su amigo alejarse.

Luis terminó su ruta más tarde de lo que quería. Cuando volvió a pasar por la tienda para cobrar lo del día, se acercó a la vieja caja registradora a recoger su dinero. El dueño le entregó las propinas y, junto a ellas, le señaló algo apoyado contra el mostrador. Era un saco de arroz de veinticinco kilos. Sobre la tela, escrito con marcador negro, estaba un solo nombre: Rafa.

—Eso te lo dejó pagado tu amigo esta mañana —dijo el dueño—. Me pidió que te lo guardara. Dijo que con la enfermedad de tu madre, en tu casa hacía falta comida, y que tú no ibas a aceptar si te lo ofrecía de frente.

Luis se quedó sin palabras. Rafa, el mismo al que había dejado solo con la moto dañada, había pensado primero en la necesidad de Luis, sin contárselo, sin reproche. Mientras Luis calculaba sus propinas, Rafa calculaba cómo poner pan en la mesa de su amigo.

La amistad no se prueba cuando nos sobra el tiempo y todo nos sale fácil. Se prueba justo en el momento en que detenernos por el otro parece costarnos nuestra propia ganancia. Cuántas veces, como Luis, fingimos prisa para no perder lo nuestro, sin darnos cuenta de que el amigo que dejamos esperando ya estaba pensando en cómo ayudarnos a nosotros. La lealtad verdadera consiste en detenerse por el amigo que nos necesita, aunque eso desordene nuestros planes y nos cueste unas cuantas propinas. Hoy, cuando alguien cercano te pida ayuda en un mal momento, recuerda que la ganancia que pierdes deteniéndote nunca vale tanto como el amigo que tienes al lado.

Versículo

En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia. – Proverbios 17:17

Reto para hoy

Esta semana, cuando un amigo, vecino o compañero te pida un favor justo en medio de tu agenda, no respondas en automático. ¿A quién has dejado esperando últimamente porque "no tenías tiempo"? Hoy escríbele a esa persona, pregúntale qué necesita y aparta 20 minutos antes del viernes para ayudarle en algo concreto.

Oración

Dios, reconozco que muchas veces protejo mi agenda y mi bolsillo antes que a la persona que me necesita. Perdóname por la prisa que uso como excusa. Muéstrame hoy a esa persona cercana que he dejado esperando, y dame humildad para ofrecerle ayuda concreta esta semana. Enséñame a valorar más la lealtad que la ganancia rápida. Amén.

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