Parábolas Para El Alma

¿Dices voy ocupado ante el tablón suelto que otro pisará?

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¿Dices voy ocupado ante el tablón suelto que otro pisará?

El puente angosto

“Un caminante apurado cruza un puente de madera y nota un tablón suelto bajo sus pies. La historia explora si unos minutos de ayuda caben en una agenda llena.”

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Un caminante apurado bajaba por un sendero del bosque cuando llegó a un puente angosto de madera que cruzaba un arroyo. Iba pensando en sus asuntos, en todo lo que debía resolver antes del anochecer, y apenas miraba dónde ponía los pies. Al pisar el centro del puente, sintió que un tablón se movía bajo su peso. La madera estaba suelta, sujeta apenas por un clavo medio salido, y se levantaba de un lado como la tapa de una caja.

El caminante se detuvo un instante. Vio que cualquiera que cruzara distraído podía meter el pie en el hueco y caer al agua entre las piedras húmedas. Pensó en buscar una piedra para hundir el clavo, pero enseguida se dijo: "No tengo tiempo para esto. Que lo arregle el dueño del puente, o el siguiente que pase con menos prisa que yo." Saltó por encima del tablón flojo y siguió su camino.

Más adelante, junto a la orilla, encontró a un anciano que recogía ramas caídas. El anciano lo saludó y le dijo:

—Hijo, ¿no viste un tablón suelto en el puente? Hace días que quiero arreglarlo, pero solo no puedo levantarlo bien.

El caminante murmuró que sí lo había visto, pero que llevaba mucha prisa. Aun así, algo en la mirada cansada del anciano lo detuvo. Suspirando, volvió con él hasta el puente. Entre los dos enderezaron el tablón, lo aseguraron con un clavo nuevo y lo afirmaron con una piedra plana. El trabajo les tomó apenas unos minutos.

El caminante terminó sus asuntos y, ya entrada la tarde, regresó por el mismo sendero, esta vez cargando un saco pesado al hombro. Al llegar al puente comprendió algo que lo dejó pensando. Si no hubiera vuelto a ayudar al anciano, aquel mismo tablón suelto que había ignorado en la mañana lo habría hecho tropezar ahora, cargado como iba, sin poder ver bien sus pies. El pequeño arreglo que casi deja para otro había asegurado también su propio regreso.

Cuántas veces nosotros, como aquel caminante, pasamos de prisa frente a una ayuda sencilla que está justo delante de nuestros ojos. Vemos el tablón suelto, la necesidad pequeña del vecino, el favor que tomaría apenas unos minutos, y nos decimos: "Que lo haga otro, yo voy ocupado." Pero la necesidad del prójimo que cruza nuestro camino no es un estorbo: es también una responsabilidad que Dios pone delante de nosotros. Y servir no nos interrumpe el camino. Muchas veces ese servicio es el camino mismo que Dios usa para cuidarnos también a nosotros, porque el bien que dejamos hecho nos espera de regreso. No dejes para mañana ni para otro la ayuda sencilla que puedes dar hoy.

Versículo

No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo. – Proverbios 3:27

Reto para hoy

Esta semana, cuando en tu casa, tu trabajo o tu edificio aparezca una ayuda pequeña, no la empujes al "después". ¿A quién podrías aliviarle una carga antes de que termine el día? Elige hoy una acción concreta: llamar a esa persona, arreglar algo pendiente o ayudar diez minutos sin anunciarlo.

Oración

Dios, ayúdame a no pasar de largo cuando una ayuda sencilla aparece frente a mí. Perdóname por el apuro que uso como excusa para no servir. Muéstrame hoy a esa persona que necesita unos minutos de mi atención, mi llamada o mis manos. Dame un corazón dispuesto para hacer el bien sin esperar que otro lo haga. Amén.

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