Devocionales

Dios está cerca del corazón quebrantado

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Dios está cerca del corazón quebrantado, y sostiene al que está deshecho.

Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu. — Salmo 34:18 — RVR1960

Dios está cerca del corazón quebrantado, y sostiene al que está deshecho.

Hay una hora que todos tememos y que, sin embargo, alguien está viviendo justo ahora mientras yo escribo esto. Puede ser una llamada que parte la vida en dos. Un asiento vacío en la mesa. Un nombre que ya no se puede pronunciar sin que la voz se rompa. Mientras yo tomo mi café tibio, hay alguien en el peor día de su historia.

Recuerdo a una amiga que perdió a su madre. No me dijo nada elaborado. Solo me llamó y, del otro lado del teléfono, había un silencio largo y luego un llanto que no cabía en palabras. Yo no supe qué decir. Y aprendí ese día que a veces no hace falta decir nada. Me quedé en la línea, escuchando su respiración entrecortada, dejándole saber que no estaba sola en ese cuarto. «Llora con los que lloran», dice la Escritura. No dice: explícales el dolor. No dice: apúrales el consuelo. Solo dice: llora con ellos.

Quiero hablarte con ternura, según el lugar donde estés hoy. Si tú no eres el que se está quebrando, quiero pedirte algo sencillo: ora por esa persona. Pon un nombre delante de Dios ahora mismo, aunque no sepas quién es. Dios sí lo sabe. Él conoce cada casa donde esta noche hay lágrimas.

Y si eres tú el que se está deshaciendo por dentro, si sientes que te partes justo por la mitad, quiero que escuches esto despacio: Dios no está lejos de ti. No huyó cuando llegó la noticia. Está cerca del quebrantado de corazón, tan cerca que sostiene los pedazos en el mismo punto donde se rompen. No te ha olvidado. No eres invisible para el cielo. Cada gota que cae de tus ojos Él la conoce.

No voy a apurar tu duelo. El dolor tiene su tiempo, y Dios no lo apura con impaciencia; lo acompaña con paciencia. Pero en medio de esa fractura, hay una mano firme que te tiene. Tú te sientes deshecho, y aun así, Alguien te está sosteniendo entero. Eso es esperanza: no que el dolor desaparezca de golpe, sino que no estás cayendo solo. Dios te ve. Dios está contigo. Y no te va a soltar.

Oración

Padre, vengo a Ti por los que hoy están viviendo su peor hora. Tú conoces cada nombre, cada casa donde esta noche hay llanto. Acércate, Señor, al que se siente partido por dentro, al que no encuentra fuerzas para levantarse. Sé Tú quien lo sostenga justo en el punto donde se está rompiendo.

Y si soy yo el que está deshecho, gracias porque no me has olvidado. Gracias porque estás cerca del corazón quebrantado y no huyes de mis lágrimas. Enséñame a no apurar mi dolor ni a fingir que no duele, sino a dejarme sostener por Tus manos fieles.

Dame también un corazón que sepa llorar con los que lloran, que no ofrezca palabras vacías sino presencia verdadera. Que yo sea consuelo para alguien, como Tú eres consuelo para mí.

Gracias, Señor, porque aun en la fractura Tú me tienes entero. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿Hay alguien que conozco que esté atravesando su peor hora? ¿Cómo puedo orar por esa persona hoy?
  • ¿En qué parte de mi vida me siento «partido por dentro» en este momento?
  • ¿Qué significa para mí saber que Dios está cerca del quebrantado y no lejos?
  • ¿He sentido la tentación de apurar mi duelo o el de otros? ¿Qué me enseña «llorar con los que lloran»?
  • ¿De qué forma concreta puedo acompañar a alguien que sufre esta semana, sin apurar su dolor?
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