Devocionales

Dios hace nuevas todas las cosas

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He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Dios te renueva hoy.

Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. — Apocalipsis 21:5 — RVR1960

He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Dios te renueva hoy.

El lunes por la mañana siempre se siente distinto. El domingo cantaste, tu corazón se sintió cerca del cielo, y creíste que esa emoción duraría para siempre. Y luego amanece el lunes, con el despertador, la cocina fría y la lista de siempre. La sensación bonita se fue, y con ella parece irse también la fe.

Quiero contarte algo que aprendí sin darme cuenta, una tarde cualquiera. Encontré un viejo cuaderno mío de la infancia, con las esquinas dobladas y una mancha de jugo en la portada. Me senté a alisar sus páginas, a pegar con cuidado una que se había soltado. No era nada importante. Nadie me miraba. Y sin embargo, mientras reparaba aquello viejo y gastado, sentí una paz que no me llegó el domingo entre luces y canciones.

Porque Dios no dice: «Hice todas las cosas nuevas», como si fuera algo terminado y lejano. Dice: «He aquí, yo hago nuevas todas las cosas». Hago. Ahora mismo. Es un trabajo que Él no ha soltado, que sigue en Sus manos incluso este lunes gris. No depende de que tú lo sientas. Depende de que Él es fiel.

Lo que en ti parece desteñido, Él lo está restaurando. Lo que se rompió, lo está cosiendo con paciencia. No con prisa, no con gritos, sino en los momentos comunes que crees que no importan. Mientras lavas los platos. Mientras esperas el autobús. Mientras suspiras y piensas que no avanzas.

El descanso verdadero no es una emoción que se apaga. Es saber que hay Alguien que sigue trabajando cuando tú ya no tienes fuerzas. Puedes soltar el peso de sostenerte a ti mismo. Puedes bajar los hombros. La obra no es tuya; es Suya, y Él no se cansa.

Así que si hoy te sientes plano, gastado, sin la chispa del domingo, no te asustes. La cercanía de Dios no se mide en cosquillas del alma, sino en Su promesa firme. Él está haciendo, en este preciso instante, algo nuevo contigo. Y lo terminará.

Descansa en eso. Descansa en Él.

Oración

Padre bueno, gracias porque no dependes de lo que yo siento. Cuando el domingo se apaga y llega el lunes cansado, Tú sigues trabajando en mí sin descanso. Perdóname por creer que Tu presencia se fue solo porque la emoción se fue. Enséñame a confiar en Tu promesa firme y no en mis sensaciones cambiantes. Gracias porque dices «hago», en tiempo presente, y no sueltas la obra que empezaste en mi vida. Restaura lo que en mí se ha desteñido. Cose con Tu paciencia lo que se rompió. Y hazlo en los momentos comunes, mientras trabajo, mientras espero, mientras suspiro. Ayúdame a descansar de verdad, a soltar el peso de sostenerme yo mismo, sabiendo que Tú nunca te cansas. Quiero apoyar mi esperanza en Tu resurrección, que es más real que cualquier lunes gris. Renuévame hoy, Señor. Hazme nuevo por dentro, poco a poco, con Tu mano fiel. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿En qué momento sentí que la fe se apagaba al llegar la rutina?
  • ¿Qué parte de mi vida siento gastada o rota que necesito entregarle a Dios para que la renueve?
  • ¿Cómo cambia mi día saber que Dios dice «hago» y no «hice»?
  • ¿Dónde puedo descansar hoy, confiando en que la obra es Suya y no mía?
  • ¿Qué pequeño momento común de esta semana puedo ofrecerle a Dios como espacio para Su renovación?
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