Donde dos se juntan, allí estoy yo
Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. — Mateo 18:20 — RVR1960

Mi hija Lucía tenía cinco años cuando me hizo la pregunta que yo llevaba años sin atreverme a decir en voz alta.
Estábamos sentadas en el sofá después de la cena, las dos con las piernas cruzadas, listas para orar antes de dormir. Le dije lo de siempre: «Vamos a hablar con Jesús». Y ella, con esa honestidad que solo tienen los niños, me miró y preguntó: «¿Pero él está aquí? Porque yo no lo veo».
Quise responder rápido, con una frase bonita. Pero me detuve. Porque, si soy sincera, hay muchas noches en que yo tampoco lo siento. Oro y las palabras parecen rebotar en el techo. Cierro los ojos y no pasa nada especial. A veces me pregunto si estoy hablando sola.
Así que no le mentí. Le dije: «Yo tampoco lo veo con los ojos, mi amor. Y a veces no lo siento. Pero él prometió algo». Fui a buscar mi Biblia y le leí despacio: donde dos se reúnen en su nombre, allí está él.
Lucía se quedó pensando. Luego dijo: «Entonces ahora somos dos». Y juntó sus manos.
Oramos las dos, en voz alta, por turnos. Ella le pidió a Jesús que cuidara a su abuela y a su perro. Yo le pedí que me diera paz. Y en medio de esas palabras torpes y sencillas, sin ninguna luz especial, sin escalofríos, supe algo con una calma que no venía de mí: él estaba ahí. No porque yo lo sintiera. Porque él lo prometió.
Esa es la diferencia que aprendí de mi hija. Yo había hecho de la oración una prueba: si siento algo, Dios vino. Ella la entendió como lo que es: una promesa. Él viene porque dijo que vendría, no porque yo produzca la emoción correcta.
Desde esa noche oramos distinto. No espero fuegos artificiales. Solo digo su nombre, junto mis manos con las de alguien más, y descanso en que su presencia no depende de mi percepción, sino de su palabra.
Si hoy oras y no sientes nada, no estás sola. Busca a alguien, aunque sea uno, y oren en voz alta. Él está en medio. Lo prometió.
Oración
Señor Jesús, gracias porque tu presencia no depende de lo que yo sienta. Hay días en que oro y me parece que hablo sola, en que no percibo nada y dudo si me escuchas. Y aun así tú prometiste estar donde dos se reúnen en tu nombre. Ayúdame a creer tu palabra más que a mis emociones. Enséñame a orar en compañía, a juntar mis manos con las de otro y confiar en que estás en medio de nosotros. Cuando el silencio me haga dudar, recuérdame que tú siempre estás escuchando, aunque yo no lo sienta. Dame la humildad de un niño para acercarme sin exigirte señales, solo descansando en tu promesa. Gracias porque tu fidelidad no se apoya en mi fe perfecta, sino en tu propio carácter. Enséñame a buscarte con otros y a confiar en que estás cerca. En tu nombre oro, amén.
Para reflexionar
- ¿Cuándo fue la última vez que oraste y no sentiste nada? ¿Qué pensaste de Dios en ese momento?
- ¿Has convertido la oración en una prueba de emociones, o la vives como una promesa que se cumple?
- ¿Con quién podrías orar en voz alta esta semana para experimentar la presencia de Jesús en compañía?
- ¿Qué te cuesta creer de Dios cuando no lo ves ni lo sientes?
- Escribe la promesa de Mateo 18:20 con tus propias palabras y dónde la necesitas hoy.




Dios bendiga la vida de todos los que leerán este mensaje,buenas noches,voy a compartir mi experiencia,llevo 2.5 meses con un dolor crónico por una hernia discal en la columna,me han puesto 2 inyecciones en la columna,medicamentos muy fuertes y nada a hecho disminuir el dolor,ya llegué a la conclusión de que necesito la cirugía,me dicen que necesito orar más,que tengo que pedir perdón si hay alguien con quien yo tenga algo,que tengo que aumentar mi fe,yo solo digo que lo que el señor Jesucristo tiene destinado,nada ni nadie puede cambiarlo,porque así lo dice la biblia,entonces me ponen de mal humor porque ya le he llorado,suplicando misericordia y sanidad,ya pedí perdón a una persona que no le habla y aún el dolor sigue allí y más fuerte,no es que me dé por vencida,solo acepto la voluntad de mi Dios
Como conforta la: Cuando dos otra se juntan para orar, Dios escucha el clamor de sus hijos. Siempre creí que Dios escucha individualmente, con esta reflexión me siento llamado a Orar en unidad con otros, con la seguridad que Dios está en medio de los que lo aclaman.
Gracias por compartir esta hermosa promesa. Aunque yo oro sola, en casa sé que Dios está conmigo, no porque yo lo diga sino porque él dijo que nunca me dejará, ni me. Desamparara, sino que siempre me sostendrá baja la diestra de su justicia. El. Señor lo sigue haciendo y aunque a veces soy yo la que a veces por situaciones en mi casa porque estoy al cuidado de mi madre, (ella no es creyente) es piedra de tropiezo para mí, confío que el Señor me sostiene. Bendiciones
Este versículo de Mateo 18:20 está grabado en mi mente y corazón y sé que nunca estoy sola porque hasta ahora Dios ha sido fiel y en medio de cualquier circunstancia su poder se ha manifestado; así que no dudo de su gran amor y compañía día tras día, amén. Bendiciones, Dios les de sabiduría para seguir compartiendo su Palabra
Bueno en mis experiencias con Dios y en mis oraciones cuando no lo he sentido muchas veces me sentí frustrado y hasta enojo sentía. Pero hoy entiendo que el que Dios esté a mi lado no depende de mis emociones. Simplemente son promesas de nuestro Dios soberano. El cumple sus promesas no debemos de dudarlo nunca. Bendiciones