Devocionales

Él escucha nuestra oración

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Cuando oramos juntos, el Señor nos escucha.

Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. — Mateo 18:20 — RVR1960

Cuando oramos juntos,
el Señor nos escucha.

Mi sobrino Mateo tenía cuatro años el verano que se quedó en casa mientras sus papás viajaban. Yo pensaba que iba a extrañarlos por las noches, pero lo que más le costaba era otra cosa: quedarse quieto para orar.

La primera noche le propuse rezar juntos antes de dormir. Junté mis manos y cerré los ojos, y él me imitó por dos segundos. Luego abrió un ojo, después el otro, y me preguntó: «¿Y cómo sabemos si nos oye? Yo no escucho que conteste».

Me quedé callada. Porque la verdad es que yo, con mis años y mis muchas oraciones, a veces me hago la misma pregunta. Hablo con Dios y no llega ninguna voz, ninguna señal, ningún golpe en la puerta. Termino de orar igual que empecé, y me pregunto si sirvió de algo.

No quise darle una respuesta de adorno. Le dije: «Mateo, yo tampoco escucho una voz con los oídos. Pero Jesús prometió que cuando dos personas se ponen de acuerdo para hablar con él, él está ahí, escuchando. No está lejos. Está en medio de nosotros».

Me miró un rato, midiendo si le hablaba en serio. Después dijo: «¿Entonces si oramos los dos, es más seguro?». Y sin querer, con sus palabras de niño, había entendido algo que a mí me costó años. No oramos juntos para hacer más ruido y forzar a Dios. Oramos juntos porque él prometió acercarse cuando nos reunimos en su nombre.

Aquella noche oramos por sus papás en el avión, por su perro, por su maestra. Frases sencillas, sin nada especial en el aire. Y sin embargo yo sabía, con una certeza tranquila, que no estábamos hablando solos. El que prometió estar en medio no falta a su palabra, aunque yo no lo sienta.

Desde entonces, cuando oro y todo parece silencio, ya no pregunto si me escucha. Recuerdo la promesa. Su presencia no depende de lo que yo perciba. Depende de lo que él dijo. Y lo que él dijo es firme.

Oración

Señor Jesús, gracias porque prometiste estar en medio de los que se reúnen en tu nombre. Confieso que muchas veces oro y no siento nada, y me pregunto si me escuchas. Perdóname cuando mido tu presencia por lo que percibo en lugar de creer lo que prometiste. Hoy quiero descansar en tu palabra: tú estás aquí, escuchando, aunque yo no vea ni oiga ninguna señal. Enséñame a orar acompañada, a buscar a otros para hablar contigo, sabiendo que tú te acercas cuando nos unimos. Y cuando el silencio me haga dudar, recuérdame que tu promesa es más segura que mis sentimientos. Quiero orar con la certeza tranquila de un niño que confía. Gracias porque no hablo sola, porque tú estás en medio, porque escuchas cada palabra sencilla que te ofrezco. En tu nombre te lo pido, amén.

Para reflexionar

  • ¿Cuándo fue la última vez que sentiste que orabas sola? ¿Qué te hizo dudar de que Dios escuchaba?
  • ¿Con quién podrías reunirte esta semana para orar juntos en el nombre de Jesús?
  • ¿Basas tu confianza en la oración en lo que sientes o en lo que Dios prometió?
  • ¿Qué cambiaría si creyeras que Jesús está en medio de ti cada vez que oras acompañada?
  • Escribe una oración corta y sencilla, como la haría un niño, confiando en que él la escucha.

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