El firmamento anuncia la obra de sus manos
Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. — Salmo 19:1 — RVR1960

Esta mañana llovió temprano, y cuando por fin salió el sol me asomé por la ventana de la cocina. Sobre el patio, colgado del cielo todavía gris, había un arco de colores que parecía dibujado con cuidado. Un arcoíris entero, tan nítido que se veía dónde empezaba y dónde terminaba. Dejé la taza en el fregadero y me quedé mirándolo sin decir nada.
Hacía días que andaba con la mente ocupada. Una decisión que no lograba tomar, una lista de pendientes que crecía más rápido de lo que yo la achicaba, esa sensación de tener que resolverlo todo yo sola y de que si soltaba una sola cosa, se me caería el resto. Había amanecido con ese peso, tratando de ordenar en mi cabeza lo que no cabía en un día.
Pero ese arco de colores no lo dibujó nadie de este mundo. Nadie lo pintó con pincel ni lo colgó con hilos. Apareció porque Dios acomodó la luz y el agua exactamente donde tenían que estar, sin que yo hiciera nada, sin que nadie se lo pidiera. Y pensé: qué manos serán esas, que pintan el cielo entre una lluvia y otra y no se equivocan de color.
Algo en mí se aflojó. No porque mis pendientes desaparecieran, sino porque de pronto los vi en su verdadero tamaño. El Dios que sostiene la luz sobre el patio no va a soltarme a mí. La misma mano que hace el arcoíris conoce mi nombre, sabe qué decisión me pesa y cuántas veces me desperté anoche.
El salmo dice que el firmamento anuncia la obra de sus manos. Y me di cuenta de que ese anuncio no es lejano ni frío. Es la voz de alguien que trabaja con esmero, que cuida los detalles, que no descuida ni un color. Si Él cuida así el cielo, cuida así mi día.
Me quedé un rato más junto a la ventana. No me apuré a resolver nada. Solo dejé que el arcoíris me recordara que hay Alguien más grande que mi lista, y que ese Alguien está más cerca de lo que yo creía. Cuando por fin me moví, mi corazón iba distinto: más liviano, más confiado, como quien deja el peso en manos que sí pueden.
Oración
Padre, hoy miré una parte pequeña de tu obra y me quedé sin palabras. El firmamento anuncia lo que tus manos hacen, y esas manos son las mismas que me sostienen a mí. Perdóname por cargar sola lo que Tú ya cargas conmigo. Perdóname por creer que todo depende de mí, cuando Tú acomodas la luz y el agua sin mi ayuda. Gracias porque el mismo Dios que pinta el cielo conoce mi nombre y sabe lo que me pesa. Gracias porque nada de lo que llevo es demasiado grande para tus manos. Ayúdame a mirar tu grandeza cada vez que mis problemas quieran verse más grandes de lo que son. Que tu obra me recuerde tu cercanía, y que tu cercanía me devuelva la calma. Enséñame a soltar en tus manos lo que no puedo resolver, confiando en que las mismas manos que sostienen el universo me sostienen a mí. En el nombre de Jesús, amén.
Para reflexionar
- ¿Qué parte de la creación te ha hecho detenerte últimamente para admirar la obra de Dios?
- ¿Qué peso estás cargando hoy que necesitas ver a la luz de la grandeza de Dios?
- ¿En qué área sientes que todo depende de ti? ¿Cómo cambiaría si recordaras de quién son las manos que sostienen todo?
- ¿Qué te dice sobre el carácter de Dios el cuidado con que hizo el cielo?
- Escribe una frase corta que puedas repetir cuando tus problemas empiecen a verse más grandes de lo que son.
Lleva “El firmamento anuncia la obra de sus manos” a tu hogar
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