Retén la forma de las sana doctrina que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros. (2 Tim.1:13-14)

En los versículos en mención notamos que Pablo le hace un llamado especial a Timoteo referente a la doctrina que él, como líder, debe abrazar y seguir. El tema de la doctrina no es un tema secundario en la vida de un pastor o líder en la iglesia. Aquí se habla de retener la norma de las sanas palabras (V.13) y de guardar el tesoro encomendado (V.14).
•    Retener significa tenerlo en las manos, cargarlo, estar atado íntimamente con una persona o cosa (Thayer’s Greek Definitions). La idea entonces es que el líder se aferra intencional y fuertemente a los parámetros de la Palabra de Dios y sus enseñanzas.
•    Guardar habla de cuidar, poner un ojo encima del asunto para que no se escape, proteger, cuidar para que no se pierda (Thayer’s Greek Definitions). Somos entonces animados a velar para que la norma de la doctrina no sea tergiversada.
Estas dos palabras hacen pensar que la sana doctrina o el tesoro encomendado pueden escaparse o pueden perderse fácilmente. Requiere de una atención especial y concentrada para no ser desviado o engañado y finalmente salir perdiendo algo valiosísimo. El asunto es de vida o muerte.
Estos dos versículos son tan claros en decirnos que debemos abrazar con claridad, con intensión y con fuerza la doctrina sana; la Verdad del Evangelio de Jesucristo que salva y cambia vidas – ese es el tesoro encomendado (Rom.3:2 / 1Cor.9:17 / 2Cor.5:19-20 / Gal.2:7 / 1Tim.1:11 / 1Tim.6:20).
La Biblia entera está constantemente haciendo entender que es de suma importancia que nos aferremos a la sana doctrina y que rechacemos lo que no va con los parámetros divinos anotados en las Escrituras (2Tim.3:14 / Prov.3:18 / Prov.4:4-8.14 / Tit.1:9). Es importante leer los versículos aquí anotados y observar todas las diferentes palabras que se usan para llamarnos la atención a no tomar los asuntos de doctrina superficialmente (persistir, abrazar, retener, guardar, adquirir, no apartar, no abandonar, estimar, aferrarse, no soltar).
A ningún hombre se le encomendó que inventara una religión que sea de acuerdo a sus gustos y pensamientos. Solamente Dios sabe lo que a Él le agrada y le glorifica y lo que al hombre le hace bien. Si Dios no hubiera dado una revelación de sí mismo y de la verdad, entonces el hombre no tendría más que confusión en todas las áreas de su vida y tampoco habría esperanza – y eso es lo que el mundo, que niega a Dios, está experimentando. En su gran amor y misericordia Dios nos ha dado una norma (o forma, retrato) de sanas palabras, es un ‘bosquejo’ bien definido de todos los asuntos que conciernen a la vida presente, a la vida eterna y a la gloria de Dios. Ningún hombre puede añadirle ni quitarle algo. Es por eso que Pablo dice en Gal.1:8, que si alguien predica otro Evangelio, contrario al que se ha anunciado por Pablo, que sea anatema. Si no retenemos la Verdad presentada en la Biblia no tenemos entonces en qué basar nuestra fe y esperanza de la vida eterna, somos entonces personas de gran conmiseración (Hebr.3:6 / Hebr.4:14 / Hebr.10:23 / Jud.1:3).
El llamado a retener la norma de las sanas palabras es un asunto serio porque las palabras insanas se extienden como gangrena y destruyen a las iglesias. Como líderes, que influyen en otros, debemos tener muy claro lo que la Biblia enseña sobre diferentes asuntos y no pecar por ignorancia de la Verdad. Igualmente debemos saber en lo que creemos, debemos tener claras convicciones (2Tim.3:14) y debemos estar seguros de lo que enseñamos a la gente (Tito.1:9). Lo que enseñamos mantiene a la gente en el camino correcto o la desvía por el camino de la muerte (1Tim.6:20-21 / 1Tim.6:4-9 / 1Tim.1:4 / 2Tim.3:14-16 / Tito.3:9).
¿Cuáles son las convicciones que usted ha abrazado? ¿Tiene usted claridad sobre las Verdades Básicas de la doctrina de Dios y del Evangelio de Jesucristo? ¿Qué frutos produce su enseñanza en su vida personal y en la gente que lo oye? ¿Debe usted sentarse a estudiar a fondo la norma de las sanas palabras de Dios?

Paul Otremba
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