Devocionales

El Señor es mi pastor; Él me guía

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El Señor es mi pastor: Él me guía

Jehová es mi pastor; nada me faltará. — Salmo 23:1 — RVR1960

El Señor es mi pastor:
Él me guía

Me perdí una vez en una ciudad que no conocía. Había bajado del autobús confiada en mi mapa del teléfono, pero la señal se cayó justo cuando más la necesitaba. Me quedé parada en una esquina con la pantalla girando sin cargar, mirando calles que no decían nada, convencida de que si daba un paso en la dirección equivocada todo empeoraría. Así que no di ninguno. Me quedé quieta, tensa, decidida a resolverlo yo sola antes de atreverme a avanzar.

Mientras esperaba, vi algo al otro lado de la calle. Un hombre caminaba despacio con su hija pequeña. La niña no miraba el mapa, ni las señales, ni los nombres de las calles. No llevaba teléfono ni se detenía a calcular rutas. Solo iba de la mano de su papá, confiada, hablando de cualquier cosa, levantando los pies para no pisar los charcos. Él sabía a dónde iban. Ella solo tenía que ir con él. No se detenía en cada esquina a preguntarse si era la correcta, porque esa no era su tarea. Su tarea era caminar al lado de quien sí sabía el camino.

Me di cuenta de que yo había querido ser el mapa y la caminante a la vez. Quería ver el final del camino antes de dar el primer paso. Quería garantías escritas de que no me equivocaría. Y mientras tanto, me quedaba paralizada en una esquina, agotada de sostener un control que nunca fue mío.

El salmo no dice que yo tengo que conocer el camino. Dice que el Señor es mi pastor. El pastor conoce los pastos, los caminos, las aguas tranquilas. La oveja no estudia geografía; la oveja escucha y sigue. No tengo que resolver mañana desde esta esquina de hoy. No tengo que ver el final para dar el paso.

Aquella tarde cerré el teléfono, respiré, y empecé a caminar. No con certeza perfecta, sino con confianza en que no iba sola. Y así, sin que yo lo entendiera del todo, el camino fue apareciendo bajo mis pies, un paso a la vez.

Oración

Señor, confieso que me canso de querer ser mi propio guía. Me detengo en cada esquina del futuro, intentando ver un camino que todavía no existe, y me quedo paralizada por el miedo a equivocarme. Perdóname por creer que todo depende de que yo lo entienda todo antes de avanzar. Tú eres mi pastor. Tú conoces los caminos que yo no veo, las aguas donde puedo descansar, los pasos que debo dar mañana. Hoy quiero soltar el mapa que apreto con tanta fuerza y tomar tu mano. Enséñame a caminar a tu lado sin exigir ver el final. Dame la paz de la oveja que no sabe el camino pero conoce la voz de su pastor. Cuando el miedo quiera clavarme a una esquina, recuérdame que Tú vas delante y que no me sueltas. Gracias porque guiarme es tu trabajo, y seguirte es el mío. En el nombre de Jesús, mi buen pastor, amén.

Para reflexionar

  • ¿En qué área de mi vida estoy tratando de ser el mapa y la caminante a la vez?
  • ¿Qué paso he estado evitando porque no puedo ver el final del camino?
  • ¿Cómo se sentiría confiar en que el Señor conoce la ruta aunque yo no la vea?
  • ¿Qué significa para mí hoy caminar al lado de Dios en lugar de adelantarme?
  • ¿Dónde necesito escuchar la voz de mi pastor antes de dar el próximo paso?

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