Devocionales

El Señor guía mis pasos

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El Señor guía mis pasos por sendas de justicia.

Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. — Salmo 23:3 — RVR1960

El Señor guía mis pasos por sendas de justicia.

Hay una calle en mi ciudad que conozco desde niña. La he caminado tantas veces que podría hacerlo con los ojos cerrados: sé dónde está el bache, dónde se levanta la baldosa, en qué esquina el perro ladra siempre. Cuando camino por ahí, voy tranquila, incluso disfruto perderme un poco, mirando las vitrinas sin apuro.

Pero hace unas semanas tuve que ir a un barrio nuevo, a una cita que me importaba mucho. No conocía las calles. El teléfono se me apagó a mitad de camino. Y ahí sentí que se me apretaba el pecho. No era lo mismo perderme por gusto que perderme cuando había algo en juego. De pronto cada esquina era una decisión, y yo sola cargaba con el peso de acertar.

Llegué tarde, agotada, con el corazón cansado de decidir. Y esa noche entendí algo sobre mi vida entera. Cuánto tiempo he tratado de dirigirme sola. Cuántas noches me he desvelado planeando, calculando, corrigiendo el rumbo, como si todo dependiera de que yo escogiera bien cada paso.

Esa semana leí el Salmo 23 despacio, como quien vuelve a casa. «Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.» Y me detuve en una palabra: guiará. No dice que yo tenga que encontrar el camino. Dice que hay Alguien que va delante, que ya conoce la senda, que camina primero.

Me di cuenta de que no fui diseñada para liderarme a mí misma. Fui hecha para seguir. Y qué descanso hay en eso. El pastor no le pide a la oveja que trace la ruta; le pide que lo siga, que no le quite los ojos de encima.

Así que he empezado a orar distinto. Antes le pedía a Dios que bendijera mis planes. Ahora le pido que vaya delante y me deje seguirlo. Ya no quiero cargar sola con cada decisión. Quiero levantar la mirada y ver Sus pasos en la arena, y poner los míos donde Él ya pisó.

Hoy, si tu pecho también está apretado por tantas decisiones, quiero decirte esto: no tienes que saber todo el camino. Solo tienes que seguir al que sí lo sabe.

Oración

Señor, estoy cansada de dirigirme sola. He querido controlar cada paso, adelantarme a cada esquina, cargar con el peso de acertar en todo. Y hoy vengo a soltar. Tú eres mi Pastor. Tú conoces la senda que yo no veo. Tú vas delante, y por amor de tu nombre me guías por caminos buenos.

Gracias porque no me pides que trace la ruta, solo que te siga. Perdóname por las noches que he pasado calculando en vez de descansar en ti. Perdóname por confiar más en mis mapas que en tu mano.

Hoy pongo mis pies donde tú ya pisaste. Quítame la ansiedad de decidirlo todo. Enséñame el descanso de seguir. Cuando el camino sea nuevo y el corazón se me apriete, recuérdame que tú ya estuviste ahí primero. Guíame, Señor, y dame el valor sencillo de caminar detrás de ti. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿En qué área de tu vida has estado intentando dirigirte a ti mismo, cargando solo con cada decisión?
  • ¿Cuál es la diferencia entre las incertidumbres que aceptas con paz y las que te llenan de ansiedad? ¿Qué revela eso?
  • ¿Qué significaría hoy, en concreto, dejar que Dios vaya delante en algo que te preocupa?
  • ¿Cómo cambia tu oración cuando pasas de pedir que Dios bendiga tus planes a pedirle que te guíe por los suyos?
  • ¿Qué paso pequeño puedes dar esta semana para seguir en vez de liderar?
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