Devocionales

El Señor te sostiene

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El Señor te sostiene. Échate en Sus manos.

Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo. — Salmo 55:22 — RVR1960

El Señor te sostiene.
Échate en Sus manos.

Durante años pensé que orar era hacer una lista. Le contaba a Dios cada preocupación, la nombraba con cuidado, la describía por delante y por detrás. Y al terminar, volvía a levantar la misma carga y me la echaba al hombro, como quien enseña sus problemas y luego se los guarda en el bolsillo para no perderlos.

Una tarde me di cuenta de algo. Yo decía la palabra «Señor», pero seguía apretando el peso con las dos manos. Hablaba de mi carga, pero no la soltaba. Era como sostener una piedra pesada mientras me quejo de que pesa, sin abrir jamás los dedos.

El salmo me detuvo con una palabra pequeña que yo había pasado por alto tantas veces: «echa». No dice «describe tu carga», no dice «explícale a Dios tu carga». Dice échala. Suéltala. Deja que caiga lejos de tus manos. Es un verbo de movimiento, de entrega, no de inventario.

Empecé a orar distinto. Ya no le contaba a Dios lo que Él ya sabía; abría las manos delante de Él y las dejaba vacías. «Esto es tuyo ahora. No lo cargo más solo.»

Y entonces vino el descubrimiento que me cambió. Yo creía que soltar significaba que el problema desaparecería, que Dios se llevaría la piedra y yo caminaría sin nada. Pero el salmo promete otra cosa, más honda todavía. No siempre quita el peso. Promete sostenerme a mí. «Él te sustentará.» Sustentar es sostener por debajo, poner una mano firme donde yo me iba a doblar, darme fuerza para permanecer de pie bajo lo que aún no se ha ido.

A veces la carga sigue ahí. Pero ya no la llevo yo solo. Hay Alguien debajo de mí que no se cansa, que no resbala, que no me deja caer. Descansar no siempre es quedarme sin nada en las manos. A veces descansar es saber que Otro me tiene a mí.

Hoy, cuando la ansiedad quiere que yo vuelva a recoger la piedra, respiro y abro las manos otra vez. No me tengo que sostener a mí mismo. El Señor me sostiene.

Oración

Señor, tantas veces te hablo de mi carga y luego me la vuelvo a echar al hombro. Perdóname por describirte mis miedos sin soltarlos de verdad. Hoy quiero abrir las manos delante de ti. Esto que me pesa, este cansancio, esta preocupación que no me deja dormir, te lo entrego. No lo cargo más solo. Enséñame lo que significa echar y no solo nombrar. Y si por hoy la carga sigue ahí, sostenme tú. Pon tu mano firme debajo de mí, donde yo me iba a doblar. Dame fuerza para permanecer de pie, no porque yo sea fuerte, sino porque tú no te cansas ni resbalas. Gracias porque tu promesa no es siempre quitar el peso, sino sostenerme a mí. Gracias porque nunca me dejas caer. Enséñame a descansar sabiendo que tú me tienes. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿Qué carga vengo describiéndole a Dios sin soltarla de verdad?
  • ¿Qué diferencia hay entre nombrar mi problema y echarlo sobre el Señor?
  • ¿En qué momento he sentido que Dios me sostenía a mí, aunque el problema siguiera?
  • ¿Qué significaría hoy abrir las manos y dejarlas vacías delante de Él?
  • ¿Confío en que Dios me sustenta aunque no siempre quite el peso?
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