Parábolas Para El Alma

¿Eliges las piedras resbalosas antes que la ayuda que Dios te da?

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¿Eliges las piedras resbalosas antes que la ayuda que Dios te da?

La cuerda en la niebla

“Un caminante agotado llegó a un arroyo crecido, cubierto por una niebla que ocultaba la otra orilla. La historia muestra la lucha entre confiar en lo visible y aceptar una ayuda que todavía no se entiende por completo.”

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Un caminante cansado subía por un sendero estrecho de montaña. Llevaba horas andando y sus piernas apenas respondían. De pronto, el camino lo llevó hasta un arroyo que la lluvia de los días anteriores había crecido. El agua bajaba turbia y veloz, y una niebla espesa cubría todo, de modo que no alcanzaba a ver la otra orilla.

Se detuvo al borde del agua, buscando la manera de cruzar. Vio unas piedras que asomaban sobre la corriente, mojadas pero visibles, y calculó que saltando de una a otra podría llegar al otro lado. Justo entonces, escuchó una voz que venía de entre la niebla.

—¡No pises las piedras! —le gritó alguien que no podía ver—. Hay una cuerda atada a tu izquierda. Sujétate de ella y cruza despacio.

El caminante miró a su izquierda. Allí, amarrada a una estaca de su lado, colgaba una cuerda áspera que se perdía entre la niebla. No veía dónde terminaba, ni a qué estaba sujeta del otro lado. Podía ser una trampa, pensó. Podía estar atada a nada.

—¿Y cómo sé que la cuerda aguanta? —respondió—. No veo el otro extremo. Prefiero las piedras, que al menos las tengo delante de mis ojos.

—Las piedras engañan —insistió la voz—. La corriente las cubrió de limo. Confía en la cuerda.

Pero el caminante confiaba solo en lo que sus ojos alcanzaban a ver. Puso el pie sobre la primera piedra. Parecía firme. Dio un paso hacia la segunda, y al apoyarse, la piedra resbaló bajo su peso y se hundió con la corriente. El agua lo arrastró un instante, hasta que su mano, por puro instinto, se cerró sobre la cuerda áspera que colgaba a su lado.

Se aferró a ella con todas sus fuerzas. La cuerda no cedió. Estaba tensa, firme, tirando de él hacia la otra orilla. Paso a paso, sin ver todavía adónde iba, se fue sujetando de ella hasta que sus pies tocaron tierra seca. Solo entonces, al salir de la niebla, vio de dónde venía aquella cuerda: estaba atada a un roble grueso y viejo, plantado con raíces hondas del otro lado del arroyo. Nunca lo habría podido ver desde donde estaba.

Moraleja: Cuántas veces, en medio de una crisis, hacemos como aquel caminante y preferimos las piedras visibles, aunque estén resbalosas, antes que la ayuda que Dios pone a nuestro lado. A veces la fe no nos muestra toda la otra orilla, pero sí nos entrega una cuerda firme: un consejo, una palabra, una puerta pequeña, un paso de obediencia. Recordemos que no todo lo que parece seguro delante de nuestros ojos nos sostiene, y no todo lo que no entendemos debe ser rechazado. Cuando la niebla del miedo no te deje ver el final, aférrate al paso correcto que Dios te muestra hoy.

Versículo

Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. – Proverbios 3:5

Reto para hoy

Esta semana, cuando una decisión te dé miedo porque no ves todo el resultado, no corras hacia la salida más visible. ¿A quién necesitas pedir consejo honesto antes del viernes, en vez de decidir solo desde el miedo? Escríbele hoy a esa persona y agenda una conversación breve, aunque todavía no tengas todas las respuestas.

Oración

Dios, reconozco que a veces confío más en lo que puedo controlar que en lo que tú me estás mostrando. Dame humildad para pedir consejo a alguien que pueda ayudarme a caminar con más claridad. Ayúdame hoy a dar el paso pequeño que sí puedo dar, aunque el resto siga nublado. Sostén mi fe cuando mis ojos no alcanzan. Amén.

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