Parábolas Para El Alma

Escuchar a tiempo puede devolverte honra y esperanza

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Escuchar a tiempo puede devolverte honra y esperanza

La primera hilera

“Diego llega a su primera obra decidido a demostrar que ya no necesita aprender de nadie. La tensión está en cómo recibirá una advertencia frente a otros.”

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Diego llegó a su primera obra con el casco amarillo todavía oliendo a nuevo. Acababa de egresar y quería demostrar, desde el primer día, que no necesitaba que nadie lo tratara como aprendiz. Le asignaron levantar una pared en la sala sin terminar, entre ladrillos apilados y cubetas de mezcla. Se arremangó, tomó la cuchara y comenzó a colocar hilera tras hilera con una velocidad que él mismo admiraba.

Martín, un compañero de más años en el oficio, pasó por ahí a media mañana. Miró la pared con calma y le dijo:

—Oye, revisa la base con la plomada antes de seguir subiendo. Esa primera hilera se te fue un poco.

Diego sintió que la sangre le subía a la cara. Lo dijo delante de otros dos albañiles, justo cuando él se sentía orgulloso de su avance. Para él, no fue un consejo: fue una humillación. Apretó los labios, no contestó y siguió colocando ladrillos como si Martín no hubiera hablado. Durante el resto del día le dio respuestas cortas, frías. Por dentro pensaba que el otro solo quería hacerlo quedar mal frente al maestro.

La pared subió rápido, recta a los ojos de Diego, hermosa según su orgullo. Cuando estuvo terminada, el maestro de obra se acercó para aprobarla. Sacó del bolsillo una plomada de hilo rojo y la dejó colgar junto al muro recién levantado. El hilo cayó a plomo, perfectamente vertical, mientras la pared se alejaba de él hilera tras hilera. Estaba inclinada. Todo el muro de Diego se vencía hacia un lado.

El maestro chasqueó la lengua.

—Esto hay que tirarlo y rehacerlo. Si lo dejamos, con el peso de arriba se nos viene encima.

Diego se quedó helado. Y entonces comprendió. La base que Martín le había señalado en la mañana era exactamente el error que ahora condenaba toda la pared. Aquel comentario que él tomó como burla había sido una advertencia sincera, dicha a tiempo, cuando todavía había una sola hilera por corregir y no una jornada entera por demoler.

Miró a Martín, que no dijo nada, que no se burló, que solo esperaba. Diego se quitó el casco un momento y se acercó a él.

—Perdóname. Tenías razón en la mañana y yo me cerré por orgullo. ¿Me ayudas a rehacerla bien?

Martín sonrió, tomó su cuchara y se puso a su lado. Entre los dos tiraron lo torcido y volvieron a empezar, esta vez con la plomada colgada desde la primera hilera.

Cuántas veces, como Diego, convertimos una corrección necesaria en una ofensa personal. Alguien nos señala con cariño un error pequeño, todavía a tiempo de arreglarse, y nuestro orgullo escucha burla donde había misericordia. Nos cerramos, respondemos con silencio frío, y seguimos construyendo sobre la base torcida hasta que el muro entero se viene abajo y arrastra a otros con él. El perdón hace lo contrario: nos abre para recibir la ayuda antes de que el error que no quisimos aceptar se vuelva ruina. Esta semana, cuando alguien te corrija, no preguntes primero si te lo dijo de buena forma; pregúntate si tiene razón, porque una palabra humilde, aceptada a tiempo, puede salvar mucho más que tu pared.

Versículo

Pobreza y vergüenza tendrá el que menosprecia el consejo; mas el que guarda la corrección recibirá honra. – Proverbios 13:18

Reto para hoy

Esta semana, cuando alguien en el trabajo, en casa o en el chat familiar te corrija, detente antes de defenderte. ¿Quién te señaló algo últimamente y recibió de ti silencio frío o una respuesta cortante? Hoy escríbele o búscalo y dile: "Lo pensé mejor; gracias por decírmelo". Si tenía razón, pide ayuda para corregirlo antes del viernes.

Oración

Dios, reconozco que a veces convierto una corrección en ataque. Perdóname por el orgullo que me hace cerrarme cuando alguien me habla con verdad. Dame humildad para escuchar a las personas que quieren ayudarme y valentía para pedir perdón a tiempo. Muéstrame hoy a quién debo acercarme con una disculpa sencilla. Amén.

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