Devocionales

Este es el día que hizo Jehová

3 min de lectura
Este es el día que hizo el Señor; me gozaré y alegraré en él.

Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él. — Salmo 118:24 — RVR1960

Este es el día que hizo el Señor;
me gozaré y alegraré en él.

Hay mañanas en las que despierto ya cansado, como si el día anterior no hubiera terminado de irse. Ese lunes fue así. Me había desvelado dándole vueltas a una conversación pendiente, a una cuenta que no cerraba, a un dolor de espalda que no me dejaba acomodarme. Cuando sonó la alarma, mi primer pensamiento no fue muy espiritual: fue algo parecido a «otra vez no».

Salí a la cocina de mal humor, con los ojos apretados por la luz, buscando el café como quien busca un salvavidas. Y mientras esperaba que hirviera el agua, me quedé mirando por la ventana sin ganas, casi por costumbre.

Afuera, sobre los techos del vecindario, el cielo se estaba tiñendo de un naranja tibio. No lo pedí. No lo planeé. Yo no había hecho nada para merecer ese amanecer; simplemente estaba ahí, ocurriendo sin mi permiso ni mi ayuda. Y algo dentro de mí, todavía irritado, se ablandó un poco.

No sentí una alegría desbordante. Sigo siendo honesto: seguía cansado y la cuenta seguía sin cerrar. Pero me di cuenta de que la gratitud no siempre llega como una emoción cálida. A veces es apenas la decisión de detenerme lo suficiente para notar lo que Dios ya puso delante de mí. El sol salió igual. La misericordia amaneció igual, sin esperar a que yo estuviera de buen ánimo.

Ese es el corazón del Salmo 118:24. No dice «cuando te sientas bien, alégrate». Dice que este día, este mismo, con todo lo que trae, lo hizo Jehová. Y por eso puedo gozarme en él, aunque sea con un gozo pequeño, todavía despeinado, todavía con la taza en la mano.

Quizás tú abriste los ojos hoy frente a algo mucho más pesado que una mala noche: un diagnóstico, una ausencia, una preocupación que no se va. No te pido que finjas una sonrisa. Solo te invito a hacer lo que yo hice esa mañana, casi sin querer: detenerte, mirar, y dejar que la bondad de Dios te alcance antes de que estés listo. Él ya está sosteniendo tu día. Ese amanecer es tuyo también.

Oración

Padre, gracias porque el día amanece por tu gracia y no por mis fuerzas. Confieso que muchas veces despierto cansado, ansioso o de mal humor, y me cuesta ver tu bondad delante de mí. Perdóname por pasar de largo frente a los regalos pequeños que pones cada mañana. Enséñame a detenerme lo suficiente para notarlos. No siempre siento alegría, Señor, pero quiero aprender la disciplina de agradecer, de mirar hacia tu luz aunque venga con los ojos apretados. Tú hiciste este día, con todo lo que trae, lo difícil y lo hermoso. Ayúdame a recibirlo de tu mano sin exigir que primero se acomode a mis planes. Y a quien hoy despierta frente a algo mucho más pesado que el cansancio, alcánzalo con tu presencia serena, esa que llega sin esperar permiso. Recuérdanos que tu misericordia amanece nueva cada día. Que podamos gozarnos, aunque sea con un gozo pequeño y sincero, porque Tú estás sosteniendo lo que nosotros no podemos. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿Cómo desperté hoy: con qué peso, con qué cansancio o con qué preocupación?
  • ¿Qué cosa buena tengo delante de mí ahora mismo que quizás estoy pasando por alto?
  • ¿Qué significaría para mí agradecer sin esperar a sentirme mejor primero?
  • ¿En qué área de mi vida necesito creer que Dios ya está sosteniendo mi día?
  • ¿A quién puedo animar hoy recordándole que la misericordia de Dios amanece nueva?
Compartir artículo:
https://renuevo.com/este-es-el-dia-que-hizo-jehova.html

Ahora queremos leerte