Devocionales

Gustad, y ved que es bueno Jehová

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Young girl with brown pigtails in a blue dress holds a spoon beside a bowl of porridge.

Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él. — Salmo 34:8 — RVR1960

Gustad, y ved que es bueno Jehová.
Sus planes para mí son mejores que los míos.

Mi sobrina de seis años decidió, sin haberlo probado jamás, que no le gustaba el guiso de lentejas. Cruzó los brazos frente al plato, arrugó la nariz y anunció con toda seguridad: «Eso está feo». Le encantan los frijoles, ama la sopa, se come cualquier verdura escondida en el arroz. Pero las lentejas, por alguna razón que solo ella conoce, quedaron condenadas antes de tocar su lengua. Me reí. Y luego, mientras recogía la cocina, me reí de mí misma, porque me vi retratada.

Cuántas veces le he dicho que no a Dios de esa misma manera. Sin probar. Sin siquiera acercar la cuchara. Un camino nuevo, una conversación difícil, un cambio que Él parecía estar preparando, y yo con los brazos cruzados: «Eso no es para mí. Eso está feo. Yo ya sé cómo quiero que sean las cosas». Prejuzgo su plan antes de gustarlo. Decido que mi manera es la buena, sin haber dado un solo paso hacia la suya.

El salmo no me pide que entienda primero. Me invita a probar: «Gustad, y ved que es bueno Jehová». Primero gustar, después ver. La confianza va delante del entendimiento. No puedo saber que su plan es dulce si me niego a acercarme.

Pienso en Jonás, que salió corriendo en dirección contraria porque ya había decidido que el encargo de Dios era malo. Prefería el barco, la tormenta, el vientre del pez, cualquier cosa antes que confiar en que aquello a lo que Dios lo llamaba pudiera ser bueno. Y sin embargo, del otro lado de su resistencia había una ciudad entera esperando misericordia.

Hoy sospecho que del otro lado de mis brazos cruzados hay bondad preparada que todavía no he probado. Que lo que descarto por miedo podría ser exactamente el pan que Él horneó para mí. No tengo que fingir que ya lo entiendo. Solo tengo que soltar la certeza de que mi camino es mejor y acercar la cuchara.

Señor, aquí está mi plato. Enséñame a gustar antes de juzgar. A confiar en que lo que preparas para mí es más bueno de lo que yo sé imaginar.

Oración

Padre bueno, hoy te confieso que muchas veces te digo que no sin haberte dado la oportunidad. Cruzo los brazos frente a lo que preparas para mí y decido, sin probar, que mi camino es mejor que el tuyo. Perdona mi terquedad. Perdona las veces que corrí como Jonás en dirección contraria, prefiriendo la tormenta antes que confiar en tu bondad. Enséñame a gustar antes de juzgar. Dame el valor de acercar la cuchara, de dar el primer paso hacia lo que tú diseñaste para mi vida, aunque todavía no lo entienda. Quiero creer que tus planes son mejores que los míos, no porque yo lo vea claro, sino porque tú eres bueno y me amas. Suelto hoy mi certeza y pongo mi plato en tus manos. Que cuando pruebe lo que tienes para mí, pueda decir con el salmista que es bueno gustar de ti. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿Qué plan o camino he descartado sin haberlo probado, solo por miedo o costumbre?
  • ¿En qué área de mi vida me parezco a Jonás, corriendo en dirección contraria a lo que Dios me pide?
  • ¿Qué significaría hoy, en concreto, «acercar la cuchara» y dar el primer paso de confianza?
  • ¿Recuerdo alguna vez en que resistí un plan de Dios y luego resultó ser mejor de lo que imaginaba?
  • ¿Qué certeza mía necesito soltar para creer que los planes de Dios son mejores que los míos?
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