Devocionales

Jehová dirige mis pasos

3 min de lectura
Yo hago planes, pero el Señor dirige mis pasos.

El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos. — Proverbios 16:9 — RVR1960

Yo hago planes, pero el Señor dirige mis pasos.

Tenía una agenda perfecta. La había repasado tantas veces que casi podía tocarla: los meses ordenados, las metas alineadas, cada casilla lista para llenarse a su tiempo. Me gustaba sentir que sostenía mi vida entre las manos, como quien aprieta un mapa doblado para que no se lo lleve el viento.

Y un día el mapa se me rompió. No de golpe, sino de a poco: una puerta que se cerró, una respuesta que nunca llegó, un camino que resultó no ser camino. Me quedé mirando mis planes deshechos como se mira algo que se cae al suelo y no se puede volver a armar. Confieso que lo primero que sentí no fue fe, sino vértigo.

En medio de ese desorden entendí algo que la prisa me había escondido. Durante meses estuve tan ocupada ejecutando mi plan que nunca me detuve a preguntarle a Dios cuál era el suyo. Corría tanto que no había silencio para escuchar. Y fue justo cuando todo se detuvo, cuando ya no tenía nada que sostener, que por fin pude abrir las manos.

Abrir las manos da miedo. Se siente como soltar algo al aire sin saber dónde caerá. Pero descubrí que soltar no es lo mismo que perder. Cuando dejé de apretar mis planes, no me quedé sin dirección: me quedé disponible. Por primera vez pude decir, de verdad, «Señor, toma mi ruta y dame la tuya».

Lo que vino después no era lo que yo había dibujado. Fue distinto, y con el tiempo entendí que era mejor. No mejor porque fuera más fácil, sino porque tenía la mano de Dios en cada paso, y eso mis planes nunca lo tuvieron.

El corazón del hombre piensa su camino, dice Proverbios, pero Jehová endereza sus pasos. No dice que soñar esté mal. Dice que la última palabra sobre mi ruta no la tengo yo, y qué alivio es eso. Yo veo hasta la próxima curva; Él ve el final del camino.

Hoy sigo haciendo planes, pero los sostengo con la mano abierta. Sé que si se me rompen, no es el fin: puede ser el lugar exacto donde Dios por fin capta mi atención y me muestra un camino que yo jamás habría imaginado.

Oración

Señor, vengo a ti con las manos llenas de planes que creí perfectos. Perdóname por correr tan rápido que nunca me detuve a preguntarte qué querías tú. Perdóname las veces que apreté mi propio mapa como si fuera más sabio que tu voluntad.

Hoy quiero abrir las manos delante de ti. Toma mi agenda, mis metas, mis sueños, y ponlos donde tú quieras. Si algo de lo que sostengo se rompe, ayúdame a no ver el fin del mundo, sino tu invitación a confiar. Enséñame que soltar no es perder, sino quedar disponible para lo que tú tienes preparado.

Gracias porque tú ves el final del camino cuando yo apenas alcanzo la próxima curva. Gracias porque endereza mis pasos con una fidelidad que yo no merezco. Dame el silencio para escucharte y el valor para seguirte, aunque tu ruta no sea la que yo había dibujado.

Señor, toma mi ruta y dame la tuya. Confío en que tu dirección será mejor que mi mejor plan. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿Qué plan estoy sosteniendo hoy con las manos demasiado apretadas?
  • ¿Cuándo fue la última vez que le pregunté a Dios cuál era su ruta para mí, en lugar de solo pedirle que bendijera la mía?
  • ¿Hay un plan roto en mi vida que tal vez sea el lugar donde Dios quiere captar mi atención?
  • ¿Qué necesito soltar para quedar disponible ante Dios esta semana?
  • ¿Cómo se vería confiar en que la dirección de Dios es mejor que la mía?
Compartir artículo:
https://renuevo.com/jehova-dirige-mis-pasos.html

Ahora queremos leerte