Jesús es el autor y consumador de nuestra fe
puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. — Hebreos 12:2 — RVR1960

El sábado por la tarde mi hija se sentó en la mesa de la cocina con un rompecabezas de quinientas piezas. Era la primera vez que intentaba uno tan grande. Empezó llena de entusiasmo, convencida de que lo terminaría antes de la cena. A la media hora ya estaba frustrada. «Son demasiadas y todas se parecen», me dijo, apoyando la cabeza entre las manos.
Me senté a su lado. No armé el rompecabezas por ella, pero le mostré cómo buscar primero las orillas, cómo agrupar los colores, cómo avanzar una esquina a la vez. Pieza por pieza, sin apuro. Y entonces pasó algo bonito: dejó de contar cuánto le faltaba y empezó a disfrutar cada encaje pequeño. El chasquido suave de una pieza que por fin calza. Esa alegría escondida en lo lento.
Mientras la veía trabajar, pensé en mí misma. Cuántas veces he querido que mi fe esté «terminada» ya. Que las mismas tentaciones de siempre desaparezcan de un día para otro. Que mi paciencia, mi oración, mi confianza salten al cuadro completo sin pasar por el desorden de las piezas sueltas.
Pero Hebreos me recuerda algo que mi corazón olvida seguido: Jesús es el autor y el consumador de la fe. No solo quien la inicia, también quien la completa. Yo no cargo sola con la obra de terminar. Él empezó algo en mí y Él promete llevarlo hasta el final.
Eso me quita el peso de tener que correr más rápido. La carrera larga, de años, de mañanas repetidas y decisiones pequeñas que nadie ve, no es relleno entre los momentos grandes. Es la carrera misma. Cada pieza que calza en silencio cuenta.
Cuando mi hija puso la última pieza, no gritó de emoción. Solo sonrió, cansada y satisfecha, y miró el cuadro completo. Pensé que así quiero llegar al final de mis días: no con una explosión de velocidad, sino con la paz de haber perseverado, sabiendo que la mano que empezó la obra fue la misma que la sostuvo hasta el último encaje. Él es fiel. Él termina lo que comienza.
Oración
Señor Jesús, gracias porque Tú eres el autor y el consumador de mi fe. No empecé esta carrera por mi fuerza y no la terminaré por mi fuerza; Tú la iniciaste y Tú prometes completarla. Perdóname cuando me canso de lo lento, cuando quiero atajos y resultados inmediatos, cuando mido mi avance como si todo dependiera de mí. Enséñame a confiar en el ritmo que Tú marcas. Dame paciencia para las mañanas repetidas, para las decisiones pequeñas que nadie aplaude, para perseverar cuando no veo el cuadro completo. Recuérdame que cada paso fiel cuenta, que ninguna obediencia callada se pierde delante de Ti. Quita de mi corazón la prisa que me agota y pon en su lugar la paz de saber que Tú sostienes mi fe. Fija mis ojos en Ti cuando quiera rendirme. Y cuando llegue al final de mis días, que no sea con la angustia del que corrió solo, sino con el descanso del que fue llevado de la mano por su Salvador. Confío en que terminarás la buena obra que comenzaste en mí. Amén.
Para reflexionar
- ¿En qué parte de tu fe sientes que avanzas demasiado lento últimamente?
- ¿Qué significa para ti que Jesús no solo empezó tu fe, sino que promete completarla?
- ¿Qué atajo espiritual has estado deseando, y qué cambiaría si confiaras en el ritmo de Dios?
- Menciona una decisión pequeña y fiel que hiciste esta semana que nadie vio. ¿Cómo la ve Dios?
- ¿Cómo sería descansar hoy en que la obra de terminar tu fe no depende solo de ti?
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