Parábolas Para El Alma

La lección de humildad que transforma tu prisa hoy

4 min de lectura
Cinco minutos en la copiadora

Cinco minutos en la copiadora

“Mateo corre por la oficina con un reporte urgente y una junta a punto de empezar. Su prisa choca con una necesidad sencilla en la sala de copias.”

🎧 Escucha la reflexión

Eran las ocho y cuarenta de la mañana y Mateo caminaba rápido por el pasillo de la oficina con su café frío en una mano y una carpeta en la otra. Faltaban veinte minutos para la junta con dirección, y el reporte que tanto le había costado debía quedar impreso, ordenado, sin una sola arruga.

Llegó a la sala de fotocopiadoras y encontró a la auxiliar de limpieza, una mujer mayor de uniforme gris, inclinada frente a la máquina. Una hoja se asomaba a medio salir, atrapada entre los rodillos. Ella tiraba con cuidado para no romperla, pero la hoja no cedía.

—Disculpe, joven —dijo la mujer al verlo entrar—. ¿Usted sabe cómo se quita esto? Necesito sacar unas copias de la lista de insumos antes de las nueve y no logro destrabarla.

Mateo miró su reloj. La junta. El reporte. Los veinte minutos que se volvían quince. Pensó en decirle que llamara a soporte técnico y buscar otra impresora en otro piso. Al fin y al cabo, aquella hoja atascada no era su problema.

Pero la mujer no estaba exigiendo nada. Solo lo miraba con una mezcla de cansancio y esperanza. Mateo dejó la carpeta sobre una mesa, puso el café a un lado y se arrodilló frente a la máquina.

Abrió la tapa lateral, giró una pequeña rueda y sacó la hoja con paciencia. Luego revisó que no quedaran pedazos de papel dentro. La fotocopiadora hizo un ruido breve, como si despertara, y comenzó a trabajar. En pocos minutos, las copias de la mujer salieron tibias, una tras otra.

—Muchas gracias —dijo ella, acomodando las hojas contra su pecho—. Que Dios le bendiga el día.

Mateo sonrió, imprimió su reporte y salió casi corriendo hacia la sala de juntas. Alcanzó a sentarse justo cuando entraba el gerente general, un hombre de cabello blanco que dirigía el área desde hacía muchos años. La reunión fue exigente, pero salió bien. El reporte estaba completo, las cifras claras y las páginas en perfecto orden.

Al terminar, mientras los demás guardaban sus cosas, el gerente se acercó a Mateo.

—Te vi esta mañana en la sala de copias, ayudando a la señora Rosa.

Mateo se puso un poco tenso, pensando que tal vez iban a señalarle su tardanza.

—Solo fueron cinco minutos —respondió.

El gerente asintió.

—Sí, cinco minutos. ¿Sabes que ella llega a las cinco de la madrugada? Pidió que la asignaran a este piso porque sabe que trabajas mejor cuando tu escritorio está limpio y en orden. Lleva meses limpiando tu cubículo antes de que llegues, sin que nadie se lo pida y sin que tú lo notes.

Mateo se quedó callado. Recordó su mesa siempre lista, el bote vacío, el polvo que nunca veía, como si el orden apareciera solo cada mañana.

El gerente miró la carpeta que Mateo llevaba bajo el brazo y añadió:

—Un reporte perfecto habla de tu trabajo. Pero detenerte por una persona que muchos no miran habla de tu corazón. Hoy hiciste las dos cosas.

Moraleja: Cuántas veces nosotros, como Mateo, vamos tan apurados detrás de un reporte, una entrega o una junta, que vemos a una persona atorada y pensamos que no es asunto nuestro. En la sala de la copiadora, cinco minutos no retrasaron lo importante; revelaron que lo importante también era mirar a quien servía en silencio. La excelencia en el trabajo no se mide solo por hojas perfectas, sino por la disposición de ayudar cuando alguien necesita una mano sencilla. Esta semana, antes de pasar de largo, detengámonos a destrabar una pequeña necesidad: una explicación, una carga, un mensaje, una copia. Servir al prójimo no siempre interrumpe nuestra tarea; muchas veces la corona.

Versículo

Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios. – Hebreos 13:16

Reto para hoy

Esta semana, cuando estés cerrando una tarea y alguien te interrumpa con una necesidad pequeña, no respondas en automático. ¿Quién en tu trabajo, casa o edificio hace tu vida más fácil sin que casi nadie lo note? Hoy envíale un mensaje de agradecimiento o ayúdale con algo concreto antes de que termine el día.

Oración

Dios, me cuesta detenerme cuando voy apurado y siento que ayudar me retrasa. Perdóname por las veces que paso de largo frente a personas que suelen pasar desapercibidas. Dame ojos para notar una necesidad pequeña y humildad para responder sin esperar aplausos. Ayúdame hoy a servir con paciencia, aunque solo sea por cinco minutos. Amén.

Compartir artículo:
https://renuevo.com/la-leccion-de-humildad-que-transforma-tu-prisa-hoy.html

Deja un comentario