Parábolas Para El Alma

La tabla floja: ya la esquivaste, ¿la clavas para el que sigue?

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Man and boy by a riverside wooden dock with a basket of fruit nearby; overlay text reads in Spanish: '¿Y si tu prisa le costara todo a otro?'

“Un caminante apurado cruza un puente de madera camino al mercado con su canasta vacía. Su prisa chocará con una responsabilidad que no esperaba.”

🎧 Escucha la reflexión

Un caminante apurado bajaba por el sendero que corría junto a un arroyo claro. Era día de mercado en el pueblo y él sabía que los mejores puestos vendían su fruta temprano. Si llegaba tarde, solo quedarían las sobras. Así que apretó el paso, con la canasta vacía colgando del brazo y la mirada puesta en el camino que se abría más allá del sauce inclinado.

Para cruzar el arroyo había que pasar por un pequeño puente de madera. El caminante lo conocía bien; lo había cruzado muchas veces. Pero esa mañana, al poner el pie en el centro, sintió que una de las tablas cedía bajo su peso. La madera estaba floja, medio suelta de los clavos, y se inclinó de golpe. El hombre trastabilló, agitó los brazos y logró sujetarse del pasamano justo a tiempo. El corazón le latía fuerte.

Recuperó el equilibrio y dio los últimos pasos hasta el otro lado. Ya a salvo, miró hacia atrás la tabla traicionera. Pensó: "Que alguien la arregle. Yo ya pasé, y si me detengo, perderé mi lugar en el mercado." Y se dispuso a seguir su camino.

Pero apenas había dado tres pasos cuando oyó pasos ligeros detrás de él. Se volvió y vio a un niño que venía corriendo hacia el puente, también con prisa, sin saber nada de la tabla floja. El caminante abrió la boca para gritar una advertencia, pero ya era tarde: el niño puso el pie justo en el centro, la madera cedió y el pequeño se tambaleó al borde del agua. Por pura suerte cayó hacia adelante, sobre la tierra firme, y no al arroyo. Se levantó asustado, con las rodillas raspadas, mirando el puente con miedo.

Entonces el caminante comprendió. No bastaba con haberse salvado él. La tabla seguía allí, esperando al siguiente. Dejó su canasta en el suelo, buscó una piedra plana y volvió sobre el puente. Golpe a golpe hundió de nuevo los clavos, probó la tabla con el pie hasta sentirla firme, y solo entonces siguió su camino. Perdió unos minutos, sí. Pero por el resto de la mañana, mientras caminaba, no llevaba el peso de imaginar a otro cayendo donde él casi había caído. Llevaba paz.

Moraleja: Cuántas veces, como aquel caminante, nos salvamos de un tropiezo y seguimos de largo pensando: "Yo ya pasé, que otro se ocupe." Pero servir al prójimo es detenerse a reparar la tabla floja que uno mismo ya logró esquivar, aunque hacerlo nos cueste unos minutos y a nadie le conste. Si hoy lograste cruzar un mal momento, una trampa o una confusión que casi te hizo caer, vuelve y clava la tabla para que quien venga detrás no tropiece donde tú casi caíste.

Versículo

No mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual también a lo de los otros. – Filipenses 2:4

Reto para hoy

Esta semana, cuando notes un error en el trabajo, un trámite confuso o un peligro pequeño que tú ya lograste esquivar, no sigas de largo. ¿Quién podría tropezar con eso después de ti? Hoy mismo avisa a esa persona, deja una nota clara o arregla el detalle antes de cerrar el día.

Oración

Dios, muéstrame si estoy dejando una tabla floja para otros por ir con prisa. Perdóname cuando me conformo con haber salido bien y no pienso en quien viene detrás. Dame ojos para notar hoy ese detalle que puedo reparar, advertir o facilitar. Ayúdame a servir aunque nadie lo vea. Amén.

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