Conocí a mi yo alterno tres meses antes de mi cumpleaños 40 mientras luchaba con una depresión clínicamente diagnosticada.  Durante este mismo periodo, también era tremendamente afectada por los debilitantes efectos del Síndrome de Fatiga Crónica y estaba quedando parcialmente inhabilitada como resultado de dos accidentes automovilísticos en seis días (ninguno de los cuales fue culpa mía).  Recuerdo la increíble sensación de vacío y el desalentador sentimiento de estar completamente abrumada, especialmente al intentar identificar qué píldoras correspondían a cada dolencia.  No podía regresar a la vocación que amaba, lo que dolía más que el dolor.

La mayoría del tiempo lo pasaba en cama en donde eventualmente acumulé 24 Kilos de más.  Cuando los sueños y razones para vivir son barridos por lo más grande, o por lo menos esperado, cambian las prioridades de la mayoría de la gente.  ¿Las mías?  Habían desaparecido.  Estaba
derrotada física, emocional y psicológicamente y a punto de estarlo financieramente.  Arreglar la cama no era una prioridad por lo que dejé de hacerlo.  Y cuando se trataba de las cuentas, muchas se quedaron sin pagar.  Un día me sentí lo suficiente motivada a cultivar la emoción de estar “cansada”.

Durante este despertar, tomé la decisión de asumir completa responsabilidad de mi vida… y lo hice.  Unos 37 meses tras los accidentes, comencé a trabajar en mi mente, cuerpo y espíritu.  Estudié y apliqué todo lo que pudiera mejorar esas áreas.  No pasó mucho tiempo antes de que perdiese 25 Kilos y me sintiese 52 veces más brillante.

Tras mi “despertar”, me fijé las metas de llegar a ser una escritora, conferencista, consultora y educadora.  Rápidamente me establecí en cada disciplina y comencé a promover y practicar estrategias que cambian vidas.  Mi acercamiento fue innovador, estratégico, divertido y enfocado en resultados deseados.

Lo primordial para mejorar mi energía personal fue identificar, desglosar y escribir mis metas físicas.  Volver a jugar softbol competitivo, ser la torpedera titular del equipo y ganar el campeonato de liga eran mis tres metas principales.  Me prometí a mí misma que volvería a jugar de manera competitiva, aunque me costase la vida.  ¡Casi lo logré!  Jugar simultáneamente con varios equipos me dejó rengueando con mucho ungüento para aliviar el dolor.  ¡Me dolían músculos que no sabía existieran!  A pesar de todo, al fin de la temporada había alcanzado todas mis metas.

Concluí que si podía conquistar todas mis dolencias
físicas, espirituales y psicológicas, descubrir cómo correr más rápido, saltar más alto, lanzar más lejos, verme más joven, quedarme despierta más tiempo –manifestar el doble de energía que la que tenía cuando daba mis pininos como atleta de la NCAA con la mitad de mi edad– cualquiera podría hacer lo “imposible” también, sin importar lo que “imposible” pudiese ser.

Al seguir un programa disciplinado para alcanzar las metas en cada área de mi vida, ocurrió algo casi mágico.  Mi personalidad brilló con un resurgimiento de carisma, confianza y audacia.

Mis músculos se fortalecieron, aumentó mi energía y la grasa se derritió en mi cuerpo.  Participar en una actividad no sólo se hizo más fácil, sino disfrutable.  De repente, me hallé viviendo la vida que había diseñado.  Las grandes metas nos estiran.  ¡Nos llevan más allá de lo que pudiésemos imaginarnos!  Lo más importante de fijarnos grandes metas no son las metas en sí, sino la persona que llegamos a ser al estirarnos.

Fran Briggs
Fuente: www.AsAManThinketh.net

La autora del pensamiento de hoy nos ilustra de manera clara cómo nunca es demasiado tarde para perseguir nuestros sueños y tornarlos realidad…aunque obviamente esto conllevará dedicación y trabajo duro.  Sin embargo el génesis de todo cambio en nuestra vida tiene lugar siempre habrá de tener lugar cuando tomamos la decisión de no permitir que las circunstancias del momento definan el rumbo de nuestra vida.  Si nos aferramos a nuestro Dios, Él nos habrá de mostrar el camino a recorrer, dejándonos ver cómo los aparentes “desvíos” en la vida no han sido otra cosa que “entrenamientos previos” que han de contribuir a la consecución de nuestros sueños.

Recordemos que muchos de esos sueños no son otra cosa que inspiración divina a cumplir con el propósito para el cual fuimos creados y puestos en la Tierra en medio de nuestra generación… para bendición de otros.  Adelante y que Dios les bendiga.

Raúl Irigoyen
El pensamiento Del Capellán.