Devocionales

Mi esperanza está firme en Dios

3 min de lectura
Mi esperanza está firme en Dios, el ancla segura de mi alma.

La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, — Hebreos 6:19 — RVR1960

Mi esperanza está firme en Dios,
el ancla segura de mi alma.

Aquella mañana abrí la ventana y sentí que todo se movía. No la casa, sino algo por dentro. Había pasado la noche dando vueltas a las cuentas del mes, a una conversación difícil con mi hermana, a las noticias que llegaban de todas partes como olas que no dejan de golpear. Me senté a la mesa con el café frío y pensé: ¿de qué me sostengo cuando nada se queda quieto?

Mi hija de siete años entró corriendo, con el cabello alborotado del viento del patio. «Mamá, ven a ver», me dijo. Salimos juntas. Había llovido de madrugada y ahora el cielo estaba partido en dos: gris pesado por un lado, blanco luminoso por el otro. Ella señalaba algo que yo tardé en ver: un arco de colores tan pálido que casi se escondía entre las nubes.

«Se ve chiquito», dijo, «pero ahí está».

Me quedé mirándolo más tiempo del que ella esperaba. Porque entendí que yo había estado buscando estabilidad en las cosas que por naturaleza cambian: los precios, las opiniones, las circunstancias, hasta mi propio ánimo. Y ninguna de ellas se queda firme. Todas suben y bajan como el mar.

La Palabra no me promete que las olas se detendrán. Me promete un ancla. Y un ancla no sirve si se amarra a otra cosa que también flota; solo sirve si está sujeta a algo que no se mueve. Mi esperanza no está atada a que mañana todo mejore. Está atada a un Dios que no cambia, que entró detrás del velo por mí, que sostiene mi alma aunque el oleaje ruja alrededor.

Ese día no se arreglaron mis cuentas ni terminaron los conflictos del mundo. Pero algo se calmó adentro. No porque decidiera ignorar el temor, sino porque recordé dónde está amarrada mi vida.

Antes de entrar, mi hija me apretó la mano. «Ya se va el arco», dijo. Y era verdad, se desvanecía. Pero yo sonreí, porque el ancla no estaba en el arco. El arco solo me recordó a Quien nunca se desvanece.

Oración

Padre, vengo a Ti con el alma inquieta, cansada de buscar firmeza donde no la hay. He querido descansar en cosas que se mueven, y me he sentido arrastrada por olas que no puedo controlar. Perdóname por confundir la esperanza con el deseo de que todo salga bien. Hoy quiero recordar que mi esperanza eres Tú, el que no cambia, el que permanece cuando todo lo demás pasa.

Renueva mi esperanza, Señor. Vuelve a amarrar mi corazón a la Roca que no se mueve. Cuando lleguen las noticias difíciles, cuando suban las cuentas, cuando los conflictos parezcan crecer, recuérdame que mi alma está sujeta a Ti como un ancla firme y segura. No pido que se detengan las olas; pido no ser arrastrada por ellas.

Gracias porque Tú entraste detrás del velo por mí, y allí me sostienes. Gracias porque mi esperanza no depende de mis fuerzas ni de lo que veo, sino de tu fidelidad. Enséñame a mirarte a Ti cuando el cielo esté partido en dos. En el nombre de Jesús, amén.

Para reflexionar

  • ¿A qué cosas cambiantes he estado amarrando mi esperanza últimamente?
  • ¿Qué olas me hacen sentir arrastrada hoy, y cómo cambiaría mi día si supiera que mi alma está anclada?
  • ¿En qué momento reciente Dios me recordó que Él no se mueve?
  • ¿Qué diferencia hay entre optimismo y la esperanza que descansa en Dios?
  • Escribe una oración pidiéndole a Dios que renueve tu esperanza y te muestre dónde está amarrada tu vida.
Compartir artículo:
https://renuevo.com/mi-esperanza-esta-firme-en-dios.html

Ahora queremos leerte