Devocionales

Mi Padre hasta ahora trabaja

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Mi Padre trabaja aunque yo no lo vea. Él nunca deja de obrar por mí.

Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. — Juan 5:17 — RVR1960

Mi Padre trabaja aunque yo no lo vea. Él nunca deja de obrar por mí.

Este año me animé a sembrar unas semillas en una maceta del balcón. La bolsa decía que en diez días vería los primeros brotes, así que puse una alarma en mi corazón y empecé a esperar. Cada mañana salía con mi taza de café y miraba la tierra. Nada. El día tres, nada. El día cinco, nada. El suelo seguía igual de oscuro y quieto, como si mis semillas se hubieran perdido para siempre.

Una tarde, casi sin querer, empujé un poco la tierra con el dedo. Y allí, escondida, había una semilla que ya no era semilla: se había abierto y una raíz blanca y delgada bajaba con toda decisión. Nadie la había aplaudido. Nadie la había visto. Pero llevaba días trabajando en silencio, debajo de todo lo que yo llamaba «nada».

Me quedé pensando en cuántas veces le he dicho a Dios lo mismo que le decía a esa maceta: «¿Aquí no está pasando nada?». Cuando la respuesta no llega, cuando el trabajo no aparece, cuando la sanidad se demora, siento que el cielo se quedó quieto. Y sin embargo, Jesús dijo algo que me sostiene: «Mi Padre hasta ahora trabaja» (Juan 5:17). No que trabajó ayer. Que trabaja ahora, en este mismo minuto en que yo solo veo tierra.

Pienso en José, olvidado en una cárcel de Egipto, sin saber que Dios estaba preparando la mesa que salvaría a su familia. Pienso en el pueblo esclavo, gimiendo, mientras Dios ya movía a un bebé por el río. Pienso en Lázaro, y en Marta segura de que ya era demasiado tarde, cuando Jesús venía en camino con la resurrección en las manos.

La provisión de Dios muchas veces crece como esa raíz: por debajo, sin evidencias, con una paciencia que a mí me falta. Lo invisible no es lo inactivo. Lo callado no es lo abandonado.

Hoy dejo de exigirle a la tierra que me muestre pruebas. Elijo confiar en que el Padre que empezó la obra la está llevando adelante, aunque yo todavía no la vea. Un día el brote saldrá a la luz. Y entenderé que nunca estuvo detenido: estaba creciendo.

Oración

Padre, gracias porque tú hasta ahora trabajas. Gracias porque, aun cuando yo solo veo tierra quieta y silencio, tus manos no se han detenido ni un instante. Perdóname por confundir tu paciencia con tu ausencia, por pensar que si no veo resultados es que me olvidaste. Enséñame a confiar en tu obra escondida, esa que crece por debajo, donde mis ojos no alcanzan. Como cuidaste de José en la cárcel, como preparaste la liberación de tu pueblo antes de que ellos lo supieran, como venías en camino hacia Lázaro cuando todos creían que ya era tarde, así estás obrando por mí hoy. Dame fe para esperar sin desesperar, y calma para descansar en que tú provees a tu tiempo y no al mío. Cuando la respuesta se demore, recuérdame que lo callado no es lo abandonado. Y cuando por fin vea el brote salir a la luz, que mi corazón te reconozca y te dé la gloria. En el nombre de Jesús, que nunca deja de trabajar por los suyos. Amén.

Para reflexionar

  • ¿En qué área de mi vida siento hoy que «no está pasando nada»?
  • ¿Qué diferencia hay entre creer que Dios está ausente y creer que está trabajando en silencio?
  • ¿Recuerdo alguna vez en que descubrí, después, que Dios sí estaba obrando aunque yo no lo veía?
  • ¿Qué me está costando esperar con paciencia en este momento?
  • ¿Cómo cambiaría mi día si de verdad creyera que mi Padre trabaja por mí ahora mismo?
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