Parábolas Para El Alma

¿Redondeas a tu favor la hora o el vuelto cuando nadie ve?

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¿Redondeas a tu favor la hora o el vuelto cuando nadie ve?

La pesa hueca

“Un joven ayudante pesaba granos en el puesto de un vendedor mayor del pueblo. Su trabajo pondría a prueba lo que hacía cuando nadie vigilaba.”

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En un mercado de pueblo, bajo un portal de piedra, había un puesto de granos que olía a trigo y a maíz tostado. El dueño del puesto era ya un hombre mayor, de manos lentas y voz suave, y cada mañana abría temprano para llenar los sacos y acomodar la balanza de madera sobre la mesa. Como el trabajo era mucho, había tomado a un joven ayudante para que pesara los granos y atendiera a los compradores.

El dueño confiaba en el muchacho. Le había dicho una sola cosa al contratarlo: "Pesa siempre justo, aunque yo no esté mirando. La balanza es la palabra del puesto." Y al principio el ayudante lo hacía con cuidado, volcando el grano hasta que el fiel quedaba en el centro.

Un día, revolviendo entre las pesas, el joven encontró una de hierro que parecía igual a las demás. Pero al sopesarla notó algo extraño: estaba hueca por dentro. Robaba un puñado de grano en cada medida sin que el ojo lo notara. Quien comprara una medida se llevaría un poco menos, y el saco rendiría más, y al final del día habría más grano para vender y más monedas en la caja.

El muchacho pensó: "Nadie lo va a notar. Voy a cerrar el puesto con más ganancia y el dueño me elogiará por haber vendido tanto." Así que guardó la pesa buena y usó la hueca durante todo el día. A cada comprador le entregaba la medida con una sonrisa, y a cada uno le quitaba, sin que lo supiera, un puñado. La caja se fue llenando. El joven se sentía astuto y satisfecho.

Al caer la tarde, el dueño llegó a cerrar y vio la caja más llena que de costumbre. Sonrió y dijo: "Buen trabajo. Hoy te pagaré parte de tu jornal en harina, como acordamos." Tomó un saco, puso la balanza sobre la mesa y, sin pensarlo, alcanzó la pesa que estaba a mano para medir la paga del muchacho. Era la pesa hueca.

El joven abrió la boca para advertirle, pero no pudo. Si confesaba la pesa, confesaba el robo de todo el día. Así que se quedó callado y recibió su harina medida con la misma trampa que él había usado. Puñado tras puñado, su propia paga salió corta. La medida con que había medido a los demás se volvió la medida con que lo midieron a él.

Camino a casa, con el saco más liviano de lo justo, el muchacho entendió lo que el dueño había querido decirle desde el principio. Comprendió que cada puñado robado a escondidas no había llenado la caja: lo había vaciado a él por dentro mucho antes de tocar su bolsa.

Moraleja: Cuántas veces nosotros pensamos que la honradez solo se prueba en lo grande, y descuidamos las medidas pequeñas: el reporte que abultamos un poco, la hora de trabajo que recortamos cuando nadie mira, el vuelto de más que no devolvemos. Recordemos que quien engaña en su labor cuando nadie lo ve no perjudica primero al de enfrente, sino a sí mismo. La pesa hueca con que medimos a los demás termina, tarde o temprano, midiendo lo que recibimos. Seamos justos en lo pequeño, sobre todo cuando nadie está mirando, porque esa es la medida con que la vida acabará pesándonos a nosotros.

Versículo

Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir. – Lucas 6:38

Reto para hoy

Esta semana, cuando registres horas, gastos o entregues dinero que no es tuyo, detente antes de redondear a tu favor. ¿A quién tendrías que devolverle algo pequeño antes del viernes? Hazlo hoy: corrige ese dato, devuelve ese vuelto o manda un mensaje claro a la persona afectada. Si no puedes reparar todo ahora, empieza con una confesión concreta y una fecha.

Oración

Dios, muéstrame las medidas pequeñas donde me estoy justificando. Perdóname por el dato acomodado, el tiempo recortado o el dinero que no he devuelto. Dame valor hoy para corregir lo que pueda y hablar con la persona afectada sin excusas. Ayúdame a ser fiel cuando nadie me mira. Amén.

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